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‘Amor sin barreras’: una historia del West Side que se repite todos los días, en todas las ciudades

Dirigida por Steven Spielberg, la nueva versión de Amor sin barreras es un homenaje a la original, al mismo tiempo que eleva la historia a otro nivel.

13 diciembre, 2021 12:23 PM
- Actualizado 20 diciembre, 2021 9:06 AM

En la historia del cine hay una lista de musicales que han quedado inmortalizados en el imaginario popular, como Cantando bajo la lluvia, La novicia rebelde y, claro, Amor sin barreras (West Side Story). Este último, originalmente estrenado en 1961 y basado en el musical de teatro de los años 50, logra equilibrar romance, crítica social y mucho drama. Con un final que revuelve las entrañas, obtuvo ni más ni menos que 11 Oscar, 10 de ellos competitivos y uno honorario.

Luego de exactamente 60 años, es nadie menos que el aclamado director Steven Spielberg quien recibe una misión que, para cualquier otro, sería un fardo: adaptar nuevamente la obra al cine. El resultado de ese desafío ya está en salas de cine mexicanas desde este 9 de diciembre.

Después de haber visto la película, queda la sensación de que el cineasta no sólo cumplió bien su propósito y entregó una gran producción, sino que también logró algo raro: un remake que funciona por sí mismo, y que puede tener –como mínimo– la dimensión de la original, sólo que para una nueva generación.

Amor sin barreras (West Side Story)
Los Jets y los Sharks se enfrentan de nuevo en Amor sin barreras (Crédito: 20th Century Studios)

Regreso al pasado

Montada por primera vez en 1957, la obra West Side Story fue creada por Jerome Robbins, Leonard Bernstein, Stephen Sondheim y Arthur Laurents, con fuerte inspiración del clásico Romeo y Julieta, de William Shakespeare. Como pocos en la historia de la humanidad, el dramaturgo británico logró resumir en sus obras los grandes dilemas de la humanidad, haciendo que se volvieran atemporales –y el clásico amor del Montesco por la Capuleto no es la excepción.

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Lo que hicieron los creadores del musical fue reimaginar aquella historia dentro del espíritu de su época. Era un momento de grandes transformaciones para Manhattan, en Nueva York: muchos de los descendientes de inmigrantes europeos en el país habían encontrado prosperidad en la posguerra, mientras que otros aún sufrían por falta de oportunidades. Al mismo tiempo, Puerto Rico –territorio no incorporado de los Estados Unidos, con cierta autonomía política– atravesaba tiempos difíciles, con sus habitantes (ciudadanos estadounidenses, recordemos) buscando el “sueño americano” en la ciudad.

En el contexto de efervescencia social, la latina María y el “polaco” Tony se enamoran, quedando en medio del conflicto entre las pandillas Jets (de los eurodescendientes) y de los Sharks (los puertorriqueños). El conflicto –y las canciones– son diseñadas a partir de eso. Sueños, dramas y amores presentados de forma lúdica, luego con dolor, la realidad de las calles del Upper West Side, un barrio de Manhattan, a mediados de los años 50.

Amor sin barreras (West Side Story) de 1961
Tony (Richard Beymer) y María (Natalie Wood) en la versión original de Amor sin barreras (Crédito: MGM / United Artists)

Dirigida por Robert Wise (justamente de La novicia rebelde) y por Jerome Robbins, la adaptación cinematográfica de 1961 es extremadamente clásica y correcta en formato para el género, al mismo tiempo que trae toda la carga de la obra original. Tiene, claro, particularidades de la época que, finalmente, están quedando atrás, además de un ritmo totalmente distinto a lo que estamos acostumbrados hoy. Sin embargo, nada de eso resta mérito a una ganadora de 11 premios Oscar.

Amor sin barreras, de Spielberg

Dicho es, es realmente fácil imaginar que uno de los grandes cineastas de nuestra época se colocara frente a la complicada tarea de dirigir una nueva versión de una obra como esa.

Sin embargo, una de las grandes ventajas de ser Steven Spielberg es, definitivamente, ser Steven Spielberg. El director de E.T., el extraterrestre e Indiana Jones no necesita que nadie le diga qué debe o no hacer. Él sabe lo que hace y punto.

Por eso, sería redundante decir que acertó nuevamente con Amor sin barreras. Todo su lenguaje cinematográfico característico está ahí, enriqueciendo la obra en diversos momentos. Si el estilo de Wise se confunde con lo que se esperaba de los musicales de la Edad de Oro de Hollywood  –a final de cuentas, él contribuyó a crearlos–, el característico estilo de Spielberg da más profundidad a la narrativa, destacando también el desempeño de los actores en escena.

Y es que, en buena medida, el cineasta es fiel al material original, apenas mejorándolo para el formato. En ese sentido, una de las buenas novedades es que el director deja de lado los excesos fantasiosos de los conflictos en la adaptación anterior –que, lógicamente, era extremadamente teatral–. Las luchas ahora lucen más reales, más auténticas.

Amor sin barreras
Ansel Elgort y Rachel Zegler son los nuevos Tony y María en la versión de Spielberg (Crédito: 20th Century Studios)

Sin embargo, la nueva Amor sin barreras crece y se expande justamente a partir de las puntuales innovaciones del remake.

La gentrificación del Upper West Side

El West Side del título original, donde transcurre la historia, es el distrito del Upper West Side, parte del barrio de Manhattan –uno de los cinco que forman la ciudad de Nueva York–.

Adyacente al Central Park, el barrió se volvió conocido, al inicio del siglo XX, por concentrar a minorías importantes, como los afroamericanos, y también a la clase trabajadora de inmigrantes europeos (y sus descendientes). Era una región de enclaves étnicos, por decirlo así –y por ello, acabó siendo elegida como destino de los inmigrantes puertorriqueños, que obtuvieron la ciudadanía estadounidense a partir de la década de 1910.

Sin embargo, a mediados de siglo, Manhattan comenzaba a atravesar un boom inmobiliario. El metro llegó al barrio y, con las mejoras del transporte público en toda la ciudad, se volvió bien conectado y accesible. La industria inmobiliaria vio ahí una oportunidad perfecta: un barrio que podría ser comprado a sus actuales dueños por una miseria, ser “revitalizado” y valuado por la especulación inmobiliaria. Un plan perfecto, que rinde muchos dividendos y que se ha repetido en diversas regiones del mundo: la llamada gentrificación.

Cuando se filmó la original Amor sin barreras, con el cambio de año 1960 al 61, ese proceso estaba a toda máquina en el Upper West Side: la demolición de las viviendas características del barrio, a manos del mercado inmobiliario, fue interrumpida sólo para que Wise y Robbins pudieran filmar su película –que, hay que recordar, se sitúa algunos años antes–. Cuando las cámaras dejaron de rodar, todo se vino abajo.

Amor sin barreras
Spielberg trae la demolición del viejo Upper West Side al frente de la escena (Crédito: 20th Century Studios)

Es aquí donde entra la genialidad de Spielberg y del nuevo guionista, Tony Kushner (Lincoln): ponen el proceso de gentrificación en primer plano. El Upper West Side de la nueva película está en proceso de ser destruido, con las bolas de demolición, ladrillos quebrados y clavos oxidados teniendo casi el mismo tiempo en pantalla que María y Tony. Lo que antes fue ocultado, aquí queda de manifiesto.

No es que los problemas sociales no tuvieran, como telón de fondo, gran relevancia en la original, pero Spielberg los saca de las sombras –inclusive con nuevos diálogos y situaciones, dejando claro que estas son la economía y política que quieren ver a los jóvenes destruyéndose entre sí.

En ese sentido, el personaje del teniente Schrank (interpretado aquí por Corey Stoll), quien antes claramente quería beneficiar a los Jets por su afinidad étnica, funge ahora como herramienta del sistema.

Muchos aplausos para Ariana DeBose y Rita Moreno

El elenco de la nueva Amor sin barreras fue elegido a mano –mérito de la directora de casting, Cindy Tolan (de Si la colonia hablara). Y es por medio de los actores y actrices, que la lucha de pandillas cobra vida.

La joven Rachel Zegler, quien comenzó cantando en redes sociales, es realmente todo un descubrimiento, alternando entre fuerza y delicadeza. Sin embargo, quien roba escena es Ariana DeBose, quien interpreta a Anita, cuñada de María, y una auténtica fuerza de la naturaleza en pantalla. No es de extrañar que David Alvarez, quien interpreta a su esposo y líder de los Jets, Bernardo, aproveche la energía de ambas, entregando una gran actuación.

Destaca que la actriz que dio vida a Anita en la original de 1961, Rita Moreno, está de vuelta en un bello homenaje, con su rol insertado en la trama como una de las mayores innovaciones del guión. Su personaje, Valentina, brinda una perspectiva maternal para Tony, cosa que no existía.

Ariana DeBose en Amor sin barreras
Ariana DeBose como Anita es de lo más destacado en la nueva adaptación (Crédito: 20th Century Studios)

Para elevar todavía más ese elenco, hay muchos diálogos en español, lo que brinda más autenticidad y un cierto sentimiento de orgullo latino a la obra.

Así, con las mujeres robando escena, Ansel Elgort (Tony) y Mike Faist (el líder de los Jets) quedan un poco opacados, pero nada que reste mérito al todo.

Cabe destacar que, a diferencia de la adaptación de la Edad de Oro, la nueva película trae a todos los actores cantando con sus propias voces, lo que eleva la dificultad del desafío. Eso sí, las canciones son extremadamente fieles a la obra de Broadway.

Todos los días, todas las ciudades

Por todo eso, Amor sin barreras construye una historia poderosa y envolvente que, en un momento, canta “el sonido más bello que he escuchado: María”, por el otro dice “pierde el acento”, “nos cierran las puertas en la cara” y “cuando nos ven, cobran el doble”.

Porque esa es nuestra vida: todos los días nos enamoramos, vivimos y morimos. Somos engranajes de poderes mucho más grandes, que muchas veces nos manipulan en favor de intereses que desconocemos. Somos herramientas, armas, marionetas.

En este preciso momento, hay cerca de ti una María enamorándose de un Tony. También hay dos chicos que, por el motivo que sea, se odian el uno al otro, y uno acabará cobrando la vida del otro.

Es una historia del West Side, pero bien podríamos decir que es una historia de cualquier gran ciudad del mundo.

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Originalmente publicado en la edición brasileña de Filmelier News.