Crítica de ‘Tres hermanos’: la masculinidad se desborda Crítica de ‘Tres hermanos’: la masculinidad se desborda

Crítica de ‘Tres hermanos’: la masculinidad se desborda

El cineasta argentino Francisco J. Paparella entrega en ‘Tres hermanos’ una deconstrucción simbólica de la masculinidad en crisis. Checa la crítica.

Lalo Ortega   |  
11 junio, 2024 1:15 PM

La secuencia inicial de Tres hermanos –producción argentina que llega a cines de México este 14 de junio– es una despiadada declaración de intenciones. Tres hombres –los hermanos del título– dan persecución a un jabalí en lo profundo del bosque, en algún sitio de la cordillera andina en la Patagonia argentina.

Ante una cámara impávida, los perros de caza arremeten contra el animal, que chilla desesperado por vivir. Es en vano: los hermanos lo desangran y veremos la vida escapársele en pantalla. En los minutos siguientes, el cadáver será destripado, despellejado y destazado, para almacenar su carne en un refrigerador. El único atisbo de compasión en toda la secuencia ha sido de uno de los hermanos hacia su perro, que salió herido durante la faena.

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Es un acto necesario de supervivencia, pero que el cineasta argentino Francisco Joaquín Paparella utiliza de manera simbólica para establecer el mundo de sus tres hermanos. Es una violencia brutal, pero rutinaria, fría, mecánica y emocionalmente desconectada. Es la actitud con la que cada uno de sus protagonistas encaran sus vidas y sus luchas personales.

Cada hombre es una isla

Paparella, quien inició una trilogía sobre la masculinidad con Zanjas de 2015, nos presenta una narrativa mínima, en términos de trama. Tenemos al hermano mayor (Emanu Elish), quien pierde su trabajo en un barco pesquero y regresa al pueblo, enganchado en cocaína y prostitutas. El hermano mediano (Andy Gorostiaga) se enfrenta, herméticamente, a un diagnóstico de cáncer testicular. Y el menor (Ulices Yanzón) descarga sus frustraciones fraternales por medio del jiu-jitsu, aunque lucha con su atracción homosexual por un compañero.

Después de un largo tiempo, los tres hermanos se ven reunidos en la casa donde crecieron. Trabajan juntos en el aserradero, su negocio familiar, que es amenazado por la naturaleza: una presa cercana está próxima a desbordarse. Y las lluvias, silenciosas, están siempre presentes, constantes.

Tres hermanos
Los protagonistas de Tres hermanos son representados de forma solitaria, devorados por el entorno (Crédito: Piano)

El mundo de Tres hermanos es sórdido, desolador. Nuestros tres protagonistas son oprimidos por un entorno constantemente nublado, lodoso y apagado, desdibujado por el agua y por la tala indiscriminada.

Pero el entorno adopta un rol simbólico conforme conocemos al trío de protagonistas, sus dinámicas y actitudes hacia sus vidas. Viven emocionalmente reprimidos, desconectados: no hablan de sus problemas entre sí, eligiendo como válvulas de escape las drogas, el sexo banal –e incluso violento–, la agresión y música frenética como el metal. El pasado es nebuloso, repleto de vacíos: tienen pocos recuerdos del padre, y dudas sobre la muerte de la madre, una herida no sanada y que evaden constantemente.

Poco a poco, gota por gota, la presa se llena… hasta que revienta inevitablemente.

El mundo masculino en Tres hermanos

La fotografía de Tres hermanos, a cargo de Roman Kasseroller, nos presenta a sus personajes aislados en un mundo gris, precario, en el que la subsistencia parece persistir en un equilibrio lo suficientemente frágil para desaparecer en cualquier momento. Las imágenes son impávidas: director y fotógrafo exprimen cada gota emocional de cada hecho, desde los más incómodos a los más violentos.

Quizá lo más incómodo de todo, es que sus personajes parecen condenados. Se saben rotos en la soledad de las imágenes, que los retratan aislados físicamente, o distanciados unos de otros en la emoción. Se agreden entre sí, abusan sexualmente, se aprovechan en el negocio, explotan la naturaleza.

Tres hermanos
La desconexión emocional es un elemento crucial de Tres hermanos (Crédito: Piano)

Y en la venganza simbólica de esta última, quizá Tres hermanos nos invita a cuestionar las implicaciones de esta masculinidad rota y dañina no sólo en el mundo interno de estos hombres –iguales a tantos de nosotros–, sino también en el mundo externo que compartimos.

Paparella hace una deconstrucción simbólica de una masculinidad dañina desde la historia de sus tres hermanos, que no pueden concebirla más allá de dinámicas de violencia y dominación. Inevitablemente, la presa de vicios y represión ha de desbordarse tarde o temprano, y el director no presenta ninguna salida. Quizá porque, por este camino, no la hay.

Tres hermanos llega a la cartelera mexicana el 14 de junio.