el-profugo-pelicula-analisis

‘El prófugo’: dormir con los demonios internos

Protagonizada por Érica Rivas y dirigida por Natalia Meta, ‘El prófugo’ llega a salas de cine mexicanas este fin de semana.

Lalo Ortega   |  
18 febrero, 2022 10:29 AM
- Actualizado 24 febrero, 2022 9:56 AM

Si hubiera que definir de alguna forma a El prófugo, producción argentina dirigida por Natalia Meta, sería como una película sobre una identidad atrapada entre dualidades. O, en otras palabras, su protagonista vive con una crisis de identidad.

La historia sigue a Inés (Érica Rivas, a quien varios recordarán como la novia vengativa en la genial Relatos salvajes), una mujer que primero conocemos como una voz insertada en las imágenes de una película japonesa de terror. Es actriz de doblaje. Más tarde la vemos en su faceta de soprano, ensayando para una presentación coral.

La protagonista también es pareja de Leopoldo (Daniel Hendler), un hombre evidentemente controlador que, durante un viaje romántico, se pone celoso porque ella dice “te amo” a alguien en sueños. Esto da pie a una discusión que termina con ella encerrándose en el baño y él, muerto en la piscina, luego de caer, inexplicablemente, una considerable cantidad de pisos desde el cuarto de hotel.

¿Cómo cayó o quién lo tiró? Nunca lo descubrimos, pero meses después, Inés no ha superado el incidente. Está lidiando con la culpa, padece de insomnio, no da las notas en los ensayos del coro. Pero el asunto se pone más extraño cuando, en sus sesiones de doblaje, un extraño ruido comienza a filtrarse en las grabaciones sin explicación.

Publicidad

A partir de estos inusuales acontecimientos, la protagonista comienza a perder poco a poco su noción de la realidad. Con un pie firmemente puesto en el surrealismo, la narrativa deviene en una serie de pasajes que recuerdan a los más extraños misterios lynchianos (hay un evidente guiño a Por el lado oscuro del camino) y al terror giallo de antaño de Dario Argento.

Pesadillas que se filtran a la realidad

No es casual que la protagonista de El prófugo reparta su tiempo y su talento entre dos trabajos. Ya desde el principio, Meta nos propone a un personaje dividido. Inés dedica, por un lado, su voz al arte del canto (“pero yo soy soprano”, dice en queja cuando es degradada por el director a otro puesto). Por el otro, presta su voz a un arte que no es suyo, a poner palabras en español en bocas que no son la de ella.

El prófugo
En El prófugo, Inés usa su voz para sí y para otros (Crédito: Tulip Pictures)

Hay un claro simbolismo aquí, que acaba por traducirse a sus relaciones personales. Ella rehúye al control de Leopoldo. Pero después del incidente, vuelve a entrar en su vida la madre de Inés (Cecilia Roth), supuestamente para ayudarla a sobrellevar el asunto. La presencia materna en la casa pone en evidencia que Inés conoce bien lo que es vivir en un entorno controlador.

La directora enfoca toda la narrativa de El prófugo desde el punto de vista de Inés, lo que tiene un efecto desorientador cuando comienzan a suceder cosas fuera de su atención, como que su director de orquesta haya (supuestamente) llamado a su madre por teléfono, o que su nuevo amigo, el afinador de órganos (Nahuel Pérez Biscayart) haya pasado a buscarla mientras dormía.

La madre afirma que esas cosas sucedieron, pero no podemos comprobarlo. Hay, pues, un subtexto de abuso emocional a lo largo de El prófugo, que específicamente alude a la manipulación conocida como luz de gas o gaslighting, cuyas víctimas comienzan a cuestionar su percepción y su realidad.

Casualmente, conforme suceden estos acontecimientos, es cuando el mundo alrededor de Inés se vuelve cada vez más extraño e inexplicable, casi como si los mundos de ficción a los que presta su voz, comenzaran a filtrarse a su realidad.

Cecilia Roth en 'El prófugo'
Hay algo extraño en la presencia de la madre de Inés, interpretada por Cecilia Roth (Crédito: Tulip Pictures)

Cuando los ruidos inusuales comienzan a aparecer en sus grabaciones, hace falta que llegue una veterana actriz de doblaje (interpretada por Mirta Busnelli), para obtener una explicación. “Tienes un prófugo”, le dice, refiriéndose a una clase de demonio interno que ha salido para intervenir en su vida. “Primero, los escuchás. Después, los ves”, le advierte la mujer.

Llegado cierto punto, es como si realidad y pesadilla fueran indistinguibles una de otra. Pero la cordura de Inés es puesta en duda desde el principio. Cuando su director de orquesta le pregunta si fue al psiquiatra, ella admite que le recetaron pastillas, pero que no las está tomando porque le provocan pesadillas.

¿Qué o quién es el prófugo, entonces?

La amenaza del llamado “prófugo” es el ingrediente sobrenatural de una narrativa que, de otro modo, parecería totalmente anclada en la psicología errática de su protagonista. Sin embargo, su naturaleza totalmente abstracta y los misterios que desata, abren la puerta para que ese sea el caso.

El prófugo, en otras palabras, cumple un rol simbólico. Es algo que, al venir del interior de Inés, representa una lucha contra sí misma. O quizá sea por sí misma: familia, amigos e intereses románticos (que, a final de cuentas, ya no podemos saber si son reales) intentan salvarla de sus males, pero ella no duda en alejarlos.

Llegados los créditos, muchos de los acontecimientos terminan por escapar a las explicaciones lógicas. Y eso está bien, pues el poder de la película de Meta se encuentra en esa ambigüedad (y en la extraordinaria actuación de Rivas). Puede que la protagonista nunca entienda realmente lo que está atravesando, pero este encuentro con las voces en su cabeza, es el camino para recuperar la suya.

El prófugo se estrena en salas Cinemex y otros cines selectos del país. Si quieres ver el tráiler, saber más sobre la película y comprar boletos, entra a este enlace.