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‘La Crónica Francesa’: la camisa de fuerza de Wes Anderson

La nueva película de Wes Anderson, ‘La Crónica Francesa’, da indicios de los límites de su estilo.

Lalo Ortega   |  
11 noviembre, 2021 9:42 AM
- Actualizado 18 noviembre, 2021 2:51 PM

“Sólo intenta que suene como si lo hubieras escrito así a propósito”, dice en varias instancias Arthur Howitzer Jr., el editor de la publicación homónima interpretado por Bill Murray en La Crónica Francesa (The French Dispatch), la más reciente película de Wes Anderson.

El aforismo resulta irónico dado que todo, absolutamente todo, es a propósito en una película de Wes Anderson. La ironía en sí misma es uno de los elementos frecuentes en la reconocible receta de colores pastel, composiciones milimétricamente calculadas, diálogos inexpresivos y elencos corales de personajes sentimentalmente frustrados en situaciones absurdas.

Ya ha corrido demasiada tinta sobre lo identificable que es el estilo del director texano: bastan unos cuantos segundos de cualquier escena para darnos cuenta de que estamos viendo una de sus películas. Sin embargo, si algo confirma La Crónica Francesa, es que su característico estilo también comienza a volverse una camisa de fuerza.

Una camisa, dicho sea de paso, con la que el director parece sentirse tan cómodo como con sus acostumbrados trajes de tweed. “No hay ningún momento en el camino en el que me haya importado si la película que hice era más conocida que la anterior”, dijo Anderson para el libro dedicado a él de la serie Close-Ups, de la revista Little White Lies. “Realmente sólo es hacer la misma cosa que he estado haciendo por años, sólo que en una nueva historia”.

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Aunque tampoco es que su nueva película no traiga nuevos juegos narrativos y con el uso del color –sí los trae–. Sin embargo es inevitable pensar que, en algunos casos, las gracias, aficiones y obsesiones del director pueden acabar por entorpecer el resultado final de sus producciones.

Pero qué bonitas se ven, eso sí.

Recuerdos en blanco y negro

La Crónica Francesa, décimo largometraje del texano, es un homenaje al periodismo de antaño inspirado en la revista The New Yorker, y abre con un dispositivo narrativo que ya habíamos visto antes en su filmografía. La historia (o historias, como veremos más adelante) va de la la redacción del suplemento homónimo con base en Francia a mediados del siglo XX, e inicia con el pretexto de la muerte de su editor, Arthur Howitzer Jr. (Murray).

Bill Murray en 'La Crónica Francesa'
Bill Murray en una oficina de redacción encuadrada simétricamente, con máquina de escribir, teléfonos antiguos y colores pastel por todos lados, es algo tan Wes Anderson (Crédito: 20th Century Studios)

El Gran Hotel Budapest (The Grand Budapest Hotel), película del director estrenada en 2014, arranca de manera similar, cuando una niña visita el cementerio donde descansa su autor favorito, de quien porta un libro.

Este libro, a su vez, es escrito por el personaje interpretado en flashback por Jude Law, a partir de la historia que le cuenta el dueño del hotel homónimo, en otro flashback dentro del anterior.

Dicha estructura ayuda a dotar a la película del aire nostálgico tan típico en la filmografía de Anderson: desde el inicio, sabemos que todo lo que veremos está en un tiempo ya pasado, pero recordado por cariño por los melancólicos personajes del presente.

La Crónica Francesa adopta una estrategia similar, y también emplea la típica división capitular de otros largometrajes del cineasta texano. Sólo que esta vez, los capítulos no forman parte de una narrativa lineal, sino que son historias independientes unas de otras, publicadas en el último número de la publicación titular. Cada una, a su vez, incluye sus propios saltos de tiempo y de narrador, oscilando entre sus protagonistas, las fuentes que las relatan y los periodistas que citan a estas.

Esta producción, de hecho, tiene la distinción de ser la primera con segmentos considerables de fotografía en blanco y negro, en una filmografía marcada por su abundancia de colores pastel. En la nueva película de Wes Anderson, el pasado transcurre en escalas de gris, mientras que el presente aparece en sus acostumbrados esquemas cromáticos.

Esto resalta las contadas excepciones en las que el pasado es bañado de color: momentos clave en que los personajes son testigos de una revelación, como encarar una obra maestra de la pintura que cambiará la historia del arte, o la mirada de Saoirse Ronan como único indicio de compasión para un personaje secuestrado.

Saoirse Ronan en 'La Crónica Francesa'
Imágenes para recordar a todo color (Crédito: 20th Century Studios)

Los brincos entre el color y el blanco y negro no son un recurso particularmente osado u original (otros directores los han empleado de maneras más ingeniosas), aunque podrían parecerlo considerando el rol tan crucial que juegan las paletas cromáticas en las películas de Wes Anderson.

La Crónica Francesa: primera antología andersoniana

El otro elemento que el cineasta trae a la mesa en esta ocasión, es la ya mencionada estructura de antología. Sin embargo, este aspecto es quizá el que menos funciona.

Cosa que nada tiene que ver con los actores que le dan vida. El elenco está repleto de los colaboradores de primer nivel que han frecuentado la filmografía de Anderson, aunque sea por montos de tiempo inversamente proporcionales a sus respectivos cachés hollywoodenses.

Y las historias, en sí mismas, son muy Wes Anderson, protagonizadas por personajes rotos, solitarios y frustrados –con otros idealistas e inocentes como contrapunto, al igual que en Un reino bajo la luna–, en historias excéntricas que van del absurdo infantiloide a la violencia súbita y contenida, pasando por la tragedia irónica (todo sucede en el pueblo ficticio de Ennui-sur-Blasé, que se traduce del francés como “hastío sobre hastío”, o “aburrimiento sobre apatía”).

El problema está, precisamente, en el formato. Mientras que sus otros largometrajes dan el suficiente espacio para conocer las angustias y peculiaridades de cada idiosincrático personaje, aquí apenas tenemos el tiempo para darnos una idea de quiénes son más allá de los estereotipos en que se construyen. 

Parte del elenco de 'La Crónica Francesa'
Una de las más recientes colaboradoras de Anderson, Elisabeth Moss (izquierda) no figura ni por cinco minutos del metraje (Crédito: 20th Century Studios)

Quizá el que mejor funciona es el primer segmento de La Crónica Francesa, titulado La obra maestra concreta. En el, Benicio del Toro es un atormentado presidiario de pocas palabras convertido en artista, Léa Seydoux es su gélida guardia de prisión y musa, y Adrien Brody es un caprichoso comerciante de arte (tan Wes Anderson).

Y funciona mejor que los otros porque esos son los únicos personajes a quienes debemos seguir en su reducido metraje; los otros segmentos se dejan ir por otras divagaciones tan numerosas que resultan superfluas, desprovistas de la conexión emocional con (o en algunos casos, entre) sus personajes. Quizá el director está tan concentrado en que todo tenga aspecto, sonido, sabor y olor a una película de Wes Anderson, que olvida preguntarse si todo lo que nos va a mostrar es relevante.

¿Qué más, Wes?

Aún así, este no es un ejercicio totalmente frívolo. Hay momentos en cada una de las tres historias que se burlan de sus respectivas temáticas: la incompetencia de la policía, el fútil entusiasmo del activismo juvenil, y el valor desmedido que otorgamos al arte. Con esta última, el director incluso parece ser lo suficiente autoconsciente de su estilo y condición de autor como para burlarse de sí mismo. Puede ser que le estemos otorgando un valor descabellado a un artista en una camisa de fuerza, que cada cierto tiempo nos entrega una cosa extraña.

Así que quizá, sólo quizá, Wes Anderson haya dado señales de una posible reinvención con La Crónica Francesa. Aunque hablar de una reinvención podría ser demasiado: después de todo, este es un director perfectamente contento con “hacer la misma cosa” que ha estado haciendo por años, pero aplicándola a nuevas historias.

Pero qué bonitas se ven, eso sí.

La Crónica Francesa está disponible en salas de cine mexicanas a partir del 11 de noviembre de 2021. Puedes conocer más información y encontrar boletos en este enlace.