Parthenope: Los amores de Nápoles es una película del cineasta italiano Paolo Sorrentino (La gran belleza) y, como tal, sufre de muchas de sus virtudes y vicios recurrentes. La trama sigue a la protagonista homónima (una hipnótica Celeste Dalla Porta) a través de su juventud, su vida universitaria, su peculiar relación con su hermano, encuentros fortuitos con escritores, grandes actrices, en fin. Como buena película de Sorrentino, tiene una belleza visual innegable, además de un guión repleto de aforismos melancólicos sobre la naturaleza de la vida, el amor, la identidad italiana y en particular de Nápoles, la ciudad donde se desarrolla la mayor parte de la trama. Sin embargo, conforme avanza la trama, complaciente con sus excesos, esta belleza se vuelve un poco superficial. La narrativa termina por diluir sus ideas sobre abrazar la vida, y aunque logra mantener algo de ese espíritu poderoso, tan nostálgico como absurdista, también queda cierta incertidumbre sobre lo que significó todo. Una película preciosa pero un tanto excesiva, que queda un poco lejos de los mejores esfuerzos de Sorrentino.
El sentir que pertenecemos a nuestra familia es muy importante para nuestro maduramiento y Cowboys trata de ello al contar la historia de un niño que nació en el cuerpo de una niña. La directora Anna Kerrigan (Five Days Gone) crea un western moderno en su segundo largometraje y realiza un trabajo extremadamente sensible. Abriendo las puertas de la diversidad en el cine, Kerrigan escaló a un actor trans para dar vida al protagonista, lo que sólo enriquece la producción. El elenco conformado por Steve Zahn (The White Lottus), Jillian Bell (Hadas Madrinas), Ann Dowd (The Handmaid's Tale) y Sasha Knight, quien hace su primer papel, está impecable. Zahn es un destaque aparte, una de las mejores actuaciones de su carrera. Cowboys es una evolución de lo que Tomboy de Céline Sciamma pavimentó, una jornada de aceptación que muestra la importancia de un padre comprensivo. Es tan común ver historias en las que la figura masculina es completamente tóxica que es un alivio ver algo que se aleje de eso. La abordaje de salud mental fue muy puntual: el personaje de Steve Zahn no es una persona mala por tener un trastorno mental, todo lo contrario.




