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‘365 días más’: dinero, lujo y unas bellas nalgas no justifican el abuso y el machismo

Con mucho sexo, una banda sonora interminable y actuaciones insufribles, ‘365 días más’ es un retroceso de siglos para los derechos de las mujeres

Laura Ferrazzano

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19 agosto, 2022 1:48 PM
- Actualizado 29 agosto, 2022 11:07 AM

Ya (casi) podemos respirar aliviadas: la tercera y última parte de la trilogía de “romance” erótico de 365 días, 365 días más, llegó a Netflix este viernes 19 de agosto. Apenas cuatro meses después del lanzamiento de la segunda entrega, esta película –con una tortuosa duración de casi dos horas– es una adaptación más de los libros de la autora polaca Blanka Lipinska.

La trama (si es que podemos, en alguna circunstancia, considerar la historia de esas películas como tal) intenta dar secuencia coherente a los dramas de la relación entre Massimo (Michele Morrone) y Laura (Anna-Maria Sieklucka), que está aún más afectada ahora luego de que esta última casi fue asesinada.

Sin embargo, por más que pueda parecer que 365 días más tiene un gran desarrollo de personajes, esta nueva película logra ser todavía más superficial y fútil. Tristemente, queda fuera toda posibilidad de un arco narrativo denso, permeado por cuestiones conyugales complejas que involucran a Nacho (Simone Susinna), otro mafioso rival de Massimo presentado en 365 días: aquel día.

Sin embargo, e incluso sin tener algún motivo para justificar su existencia, la película no pierde oportunidad de ser, una vez más, problemática y profundamente misógina.

Crítica de 365 días más
Por motivos que nunca logramos entender, Nacho es otro personaje perdidamente enamorado de Laura (Crédito: Netflix)

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Por tercera vez, absolutamente nada es explicado. Los diálogos son raros y, cuando se dan, además de estar llenos de frases cursis como “puedes huir de mí, pero no puedes huir de cómo te sientes”, el guión obliga a los actores a proclamar una inmensidad de palabras vacías, sin relación alguna o que no llevan a ninguna parte.

Detrás del champán, la ropa cara y los infinitos clubes nocturnos con luces neón, los personajes y sus motivaciones permanecen indescifrables tres películas después. ¿Por qué Laura, de la nada, está obsesionada con Nacho? ¿Cómo es que ella, sin preparación o especialización previa, logra llevar sus diseños de ropa a festivales internacionales de moda? Las preguntas son interminables y las respuestas, ininteligibles.

Como la duración de la película es enorme, son necesarias muchas escenas para rellenar ese tiempo. Por ello, las situaciones puestas en pantalla son tan absurdas que son susceptibles de risa, especialmente en las escenas en que Massimo y otros “jefazos del crimen” están en reuniones (de cuyos objetivos no tenemos idea), vociferando órdenes y despotricando ultimátums.

365 días más, de Netflix
Michele Morrone es Don Massimo Torricelli en la trilogía de 365 días (Crédito: Netflix)

¿De qué manera, podrías preguntarte, esos personajes actúan en el tráfico de drogas y son las figuras más importantes de la mafia en sus respectivos territorios? No tenemos la menor idea. La única cosa aparentemente necesaria para el cargo es tener una buena porción de músculos para rellenar sus innumerables sacos ajustados.

365 días más es fetichista, misógina y… falsa

Intentando resolver todas sus carencias narrativas, la trilogía de 365 días intenta resolverlo todo con sexo. En este último episodio, con excepción de un beso gay entre Massimo y Nacho que acontece en los múltiples sueños de la protagonista, las relaciones sexuales –una vez más– existen para materializar los deseos fetichistas de la mente masculina heterosexual.

Mujeres en fantasías degradantes, BDSM, besos lésbicos. Esos son apenas algunos de los contenidos sexuales en 365 días más. Con la interminable banda sonora de música pop romántica, vemos muchos momentos eróticos repletos de los delirios de las mentes masculinas, construídas por la pornografía: los clásicos gemidos femeninos escandalosos y cuerpos completamente perfectos e irreales, además de las diversas posiciones sexuales extrañas que simplemente no son cómodas ni placenteras para las mujeres (a final de cuentas, aquí nada se trata del placer de ellas).

La verdad dura y degradante de 365 días es que, aunque apunta a un público mayoritariamente femenino, sólo transforma a las mujeres en meras baratijas, objetificadas incesantemente por la mirada masculina ante un velo perjudicial de falso feminismo.

365 días más
Laura y Massimo intentan encontrar una nueva dinámica para su matrimonio en 365 días más (Crédito: Netflix)

Con locaciones impresionantes que intentan amenizar los aspectos escabrosos de la trama, el capítulo final sólo corrobora los errores de las dos películas anteriores –retrocediendo siglos en las luchas emancipatorias y de derechos de las mujeres–. El erotismo, el sexo explícito y hasta los fetiches no son el gran tema con este largometraje.

Lo problemático es divulgar un mensaje de liberación sexual cuando, en realidad, las mujeres sólo son usadas para la gratificación de terceros sin importar los medios para llegar a ese fin. 365 días más es la entrega más insidiosa de la saga en ese sentido, pues argumenta que el dinero, el lujo y unas nalgas bien esculpidas justifican los secuestros, la violencia (física y verbal) y el machismo –la protagonista se cosifica a sí misma aquí, lo que es todavía peor–.

“La verdad a veces no es sencilla”, dice Laura en cierto punto. Por el contrario, ella es lo más transparente posible: estos 112 minutos de película sólo serán placenteros para los masoquistas.

365 días más ya está en Netflix. Si quieres saber más sobre la película, ver el tráiler o encontrar el enlace directo para verla, entra aquí.

Publicado originalmente en la edición brasileña de Filmelier News.

24 Laura Ferrazzano

Periodista cultural y entusiasta de las artes. Ha formado parte de la redacción de grandes sitios brasileños como R7 y Caras digital, además del portal internacional Her Campus. Actualmente es asistente de redacción en Filmelier.