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‘Bros’ es una divertidísima comedia romántica entorpecida por su autoconsciencia

Escrita y protagonizada por Billy Eichner, ‘Bros’ busca reivindicar la representación LGBTQ+ en pantalla

Lalo Ortega   |  
27 octubre, 2022 9:29 AM
- Actualizado 3 noviembre, 2022 1:32 PM

Tan pronto como comienza Bros: más que amigos –en cines de México desde hoy, 27 de octubre– somos bombardeados por la ráfaga verbal de Billy Eichner. Además de fungir como guionista, Eichner protagoniza en el rol de Bobby Lieber, un podcaster homosexual cínico ante el amor que se enorgullece de dos cosas: su independencia y su trabajo como curador de un Museo de Historia LGBTQ+ que está por abrir sus puertas en Nueva York.

En una secuencia muy meta al inicio de la película, Bobby narra cómo un productor de Hollywood le pidió escribir una comedia romántica sobre una pareja gay, pero para las sensibilidades heterosexuales. Él decide rechazarla, alegando que la experiencia LGBTQ+ es radicalmente distinta y que no quiere hacer la típica “mierda hollywoodense”.

En otras palabras, Bros deja bien claras sus intenciones desde los primeros minutos: esta no es tu típica comedia romántica de boy meets girl con todos los clichés que el género conlleva. De hecho, desde los materiales promocionales, establece su importancia: “la primera comedia romántica de un importante estudio sobre dos hombres gays con un elenco principal LGBT”, nos dicen los carteles, tráilers y spots televisivos.

O sea: boy meets boy. En este caso, el cínico e intelectual Bobby conoce en una fiesta al atlético Aaron (Luke Macfarlane). Comienzan a salir y conocerse, a pesar de ser polos opuestos y del evidente miedo al compromiso que tienen ambos. He ahí un cliché hollywoodense en esta comedia romántica atípica de Hollywood.

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Ellos son Bobby y Aron. Tienen serios problemas con el compromiso (Crédito: Universal Pictures)

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Eichner no escribió las reglas del género pero, curiosamente, tampoco rompe demasiadas a pesar de su declaración de intenciones tan frontal. ¿Será que no hay que arreglar lo que está roto?

Aunque, a pesar de su convencionalidad narrativa, Bros sí rompe barreras en otros ámbitos. Más allá de su reparto predominantemente LGBTQ+, la película dirigida por Nick Stoller (Buenos vecinos) representa la vida romántica y sexual gay con una naturalidad honesta y refrescante, que pone en vergüenza a décadas de romances fílmicos estadounidenses (¿recuerdan cuando en Hollywood estaba prohibido representar a un hombre y una mujer en una misma cama? Tiempos extraños).

Es una película que es consciente de su propia importancia en ese sentido, quizá demasiado consciente. Tal como Bobby llega a meterse en problemas por su pasión casi confrontativa sobre reivindicar la historia LGBTQ+, el guión de Eichner tropieza cuando cambia esa naturalidad por la verborrea panfletaria.

Sin embargo, no es un problema catastrófico ni motivado por una frivolidad, sino por ese necesario deseo de justa reivindicación.

Bros nos demuestra que nos hace falta un Museo de Historia LGBTQ+

Una de las subtramas de la película ve a Bobby luchando por la subsistencia del Museo de Historia LGBTQ+ (existen proyectos del tipo en Nueva York y Florida, por si se lo preguntaban). Es una misión personal para él: su ferviente convencimiento de que debemos romper con las visiones heteronormadas de la historia conduce a uno de los conflictos principales del metraje.

En cierto sentido, la mera existencia de Bros es una demostración de esa heteronormatividad hegemónica. Seguro, ha habido representaciones cinematográficas de la comunidad LGBTQ+, pero nunca de gran presupuesto por parte de uno de los más grandes estudios del planeta. Y seguro, habrá quienes traigan a la mesa el caso de Perdidos en la noche (Midnight Cowboy) como una ganadora del Oscar a Mejor película. Pero se trata de un sórdido y deprimente drama sobre la homosexualidad en la marginación.

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El Museo de Historia LGBTQ+ es una de las principales subtramas de Bros (Crédito: Universal Pictures)

Lo que lleva a otro argumento presentado por el guión de Eichner, que se burla incisivamente de su propia industria y de aclamadas producciones como Secreto en la montaña: que rara vez vemos un retrato natural y alegre de un romance gay, lésbico, bi o trans que no acabe en tragedia (de esos que conmueven a las sensibilidades hipócritas y moralinas de la Academia para darle un Oscar a un actor heterosexual como Jared Leto).

En ese sentido, Bros llega a tropezar con la consciencia de su propia importancia, optando en ciertas instancias por exceso de comentarios que, a veces, extienden su metraje innecesariamente. No se ayuda (y hasta resulta contradictoria) cuando se apoya en ciertos estereotipos de la comunidad que representa.

Sin embargo, tiene el mérito de brindar una caracterización compleja de sus protagonistas, enraizando sus problemas en los traumas de una juventud marcada por la represión, explícita o interiorizada, logrando una crucial simpatía por ellos. Y sobre todo: arranca una carcajada tras otra cada vez que se lo propone.

En otras palabras, aunque Bros peca de una ocasional falta de sutileza, puede ser perdonada por ello. Es un paso en la dirección correcta, tan necesario como un buen Museo de Historia LGBTQ+.

Bros ya está en salas de cine mexicanas. Para saber más de la película, ver el tráiler o comprar boletos, entra aquí.