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‘Desencantada’: el chiste sólo es gracioso la primera vez

‘Desencantada’ retoma la historia de Giselle 15 años después del “felices para siempre” de ‘Encantada’

Lalo Ortega   |  
18 noviembre, 2022 12:12 AM
- Actualizado 25 noviembre, 2022 8:56 AM

Probablemente no exista secuela para una película de Disney más esperada –y a la vez, pospuesta– que Desencantada (Disenchanted). La película llega hoy a Disney+, 15 años después del estreno de la original Encantada, en 2007. Rumores sobre su rodaje comenzaron a surgir desde 2010.

Uno de los motivos de la demora, según el compositor Alan Menken, era que Disney buscaba tener un guión “adecuado”. Puede entenderse el por qué: la película original era la proverbial tormenta perfecta de elenco, música y premisa.

En una época de transición, el estudio de Mickey Mouse estaba en una posición única: las metanarrativas que deconstruyen las fórmulas y se burlan de sí mismas eran comercialmente viables (como bien había demostrado Shrek), así que ¿quién mejor que Disney para reírse de sus propios clichés?

Curiosamente, Encantada es una película que logra salirse con la suya en su contradicción, un cuento no-cuento de hadas que se reía de los príncipes azules, del concepto del “amor verdadero” y del “felices para siempre” en el mundo real, pero que brinda precisamente eso a sus protagonistas. ¿Para dónde ir después?

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La triada de guionistas formada por David N. Weiss, J. David Stem y Richard LaGravenese se va por la fácil: hacer que el “felices para siempre” de Encantada no lo sea después de todo.

Porque ahora resulta que Giselle (Amy Adams), que tenía la vida perfecta que quería, ahora se encuentra un poco… desencantada con los cambios en ella. Su hijastra, Morgan (Gabriella Baldacchino) ya no es una niña fascinada con la magia, y su relación con ella ha cambiado. Hambrienta por esa vida de cuento de hadas que creía tener, Gisselle propone que la familia completa abandone su hogar en Manhattan para mudarse a los pintorescos suburbios de Monroeville. La adolescente Morgan, privada de todo lo que conocía, no está exactamente feliz.

Desencantada
La familia de Giselle, 15 años después de Encantada (Crédito: Disney)

Luego de una discusión con Morgan, y con la intervención de cierto artilugio mágico proveído por Edward (James Marsden) y Nancy (Idina Menzel), Giselle pide un deseo: tener una vida como de cuento de hadas. Obtiene lo que quiere y Monroeville se transforma en un pueblo mágico donde los animales hablan, valientes guerreros defienden a los aldeanos de monstruos y todos rompen en canto y baile a la menor provocación. Pero como todo, esto viene con un precio que la propia Giselle debe pagar en carne propia.

La premisa de Desencantada es interesante y, al menos en la superficie, lo suficientemente original para diferenciarse de su predecesora, prácticamente a punta de ponerla de cabeza. Giselle ahora va en reversa, aferrándose a la vida que tuvo y añorando la “simple” vida de princesa a la que renunció. Es un relato sobre aprender a soltar las cosas para no dejarnos absorber por la tristeza.

Sin embargo, el guión es derivativo en otras instancias e insiste en bromas ya obvias desde la primera película (sí, ya entendimos, es ridículo que los personajes de Disney canten tanto). Más que eso, como sucede como tantas otras producciones recientes bajo el paraguas Disney, esta secuela de Encantada peca de querer hacer demasiado, diluyendo el poder de lo realmente esencial.

Desencantada es, tristemente, la típica secuela inferior a su predecesora

Hay puntos destacables: como no podía ser de otra forma con una producción de Disney, el diseño de vestuario es fenomenal, y tanto la música como la coreografía son impecables. El compositor Alan Menken, uno de los más célebres en la historia de Disney (que también compuso la música de Encantada) regresa en esta secuela con melodías que, sencillamente, son tan gloriosas como pegajosas.

El problema se remonta al guión, pues si bien las canciones y bailes son dignas de un musical de primer nivel, los números musicales a los que pertenecen son innecesarios, en su mayoría. Varios de ellos se sienten como creados para cubrir una cuota obligatoria y dar su momento bajo el reflector a cada miembro del elenco.

Y no es queja por escuchar cantar a Idina Menzel, pero lo cierto es que el suyo es uno de los personajes que menos tienen que hacer aquí. Y del de Patrick Dempsey mejor ni hablamos, porque está escrito como un apéndice: inocuo y perfectamente extirpable sin perjuicio a la narrativa.

Tales ejemplos son solo una pequeña muestra de que Desencantada es perjudicada por un vicio que parece aquejar a producciones contemporáneas de Disney (particularmente las de Marvel Studios): el más. Secuelas que deben ser más grandes, con más personajes, más subtramas y más referencias. Hay, de hecho, bastantes guiños al canon de princesas de Disney. Algunas son sutiles y elegantes, pero otras son tan burdas que nos hacen cuestionar si no era mejor obviarlas y dejar que la historia se sostenga por sí sola.

¿Es Desencantada un bodrio insufrible? Lejos de serlo, hay elementos verdaderamente maravillosos en ella –y vamos, Amy Adams devora cada segundo en pantalla–. Pero el resultado se siente como cuando alguien insiste en repetir un mismo chiste una y otra vez. Puede que haya sido realmente divertido la primera vez, pero ni las mejores parodias dan risa para siempre.

Desencantada ya está en Disney+. Para saber más de la película o encontrar el enlace directo para verla, entra aquí.