el-menu-critica-pelicula

‘El menú’: de las paradojas del arte y las hamburguesas con queso

‘El menú’ es protagonizada por Anya Taylor-Joy, Ralph Fiennes y Nicholas Hoult

Lalo Ortega   |  
17 noviembre, 2022 12:00 AM
- Actualizado 24 noviembre, 2022 12:11 PM

¿Qué es el arte, qué califica como tal y cuál es su función en nuestra sociedad? Una respuesta definitiva ha eludido a esas preguntas desde que existen la humanidad y el arte mismo, y seguimos debatiéndolas hasta el día de hoy. El menú (The Menu) llega hoy a salas de cine mexicanas para sumarse a la discusión.

Excepto que en esta película, dirigida por Mark Mylod (conocido por dirigir episodios de series como Game of Thrones y Succession) no estamos hablando precisamente de arte. O quizá sí, argumentaría más de uno de sus personajes, en su mayoría excéntricos foodies dispuestos a desembolsar miles de dólares por las experiencias culinarias más exclusivas.

Para este caso, se trata de uno de los cotizados lugares en el restaurante Hawthorne, situado en su propia pequeña isla y encabezado por el chef celebridad Julian Slowik (Ralph Fiennes), quien trata sus menús de gastronomía molecular como auténticas piezas de arte conceptual. “Están comiendo el mar”, dice sobre uno de sus platillos servido con distintos tipos de algas y moluscos sobre una piedra marina.

Otra persona que ve la comida de Slowik como tal es Tyler (Nicholas Hoult), quien fotografía obsesivamente cada platillo que pasa por sus manos y no tiene reparo en pagar mil 250 dólares (por cabeza) por una mesa en el restaurante. Para él, la cocina es un arte creado con “la materia prima de la vida misma”.

Publicidad

Su acompañante, Margot (Anya Taylor-Joy) está menos impresionada: no comprende por qué alguien pagaría mil 250 dólares (por cabeza, de nuevo) a cambio de comida cuya pretensión parece ser mayor que su tamaño. Sin embargo, ella decide seguir el juego, incluso cuando descubre que ella ni siquiera era la persona que Tyler quería invitar en primer lugar.

El menú
El prestigioso restaurante Hawthorne y sus comensales (Crédito: 20th Century Studios)

Y así, acompañados de adinerados ejecutivos de contabilidad, estrellas de Hollywood venidas a menos, un gris matrimonio otoñal y dos elitistas críticos culinarios, la joven pareja se embarca a la isla para lo que, en teoría, será la experiencia gastronómica de sus vidas.

Pero, desde el inicio, Mylod establece una atmósfera incómoda para El menú, llena de incógnitas. Se sugieren relaciones moralmente cuestionables entre personajes, y la presencia de Margot genera una profunda intriga en el chef. La actitud de la subchef (Hong Chau), cuya gestión del lugar se parece más a un campamento militar, choca frontalmente con el espíritu de placer y diversión de los comensales, que poco a poco se saben como piezas de un juego macabro de venganza.

¿Por qué venganza? Los motivos son diferentes para cada uno de los comensales y, a veces, ni siquiera ellos están conscientes. Lo que alimenta el deseo vengativo de Slavik es revelado paulatinamente en el transcurso de una experiencia de varios episodios o “tiempos”, tal como una cena de su chef.

El menú está en un lugar entre el intelecto y el disfrute

Esa estructura capitular es meramente una muestra del sutil ludismo metatextual que presenta El menú. Buena parte de ello es planteado por medio de sus personajes arquetípicos y su rol en el mundo de la gastronomía. O, por extensión de su analogía, en el mundo del arte.

Si bien, debido a ello, no hay un complejo desarrollo de personajes, sí puede decirse que cada uno cumple la función de satirizar los vicios y obsesiones que han convertido en industria de consumo al arte de crear y al hecho de disfrutar. Una industria que, a óptica del chef, divide al mundo entre quienes dan y quienes toman.

Así, en El menú podemos ver reflejados a esos consumidores por estatus o por pose, o a aquellos que lo hacen solo por fotografiar compulsivamente la experiencia, en vez de vivirla, para curar las imágenes públicas de sus vidas. También están esos críticos (¿de cine?) que, en lugar de enaltecer o dialogar, destruyen y promueven el elitismo.

El menú
Margot y Slowik están en extremos opuestos de una dinámica que satiriza al mundo del arte (Crédito: 20th Century Studios)

También está la otra cara de la moneda, la de aquellos creadores perfectamente conformes con crear algo con puro ánimo de lucro, sin consideración por el tiempo que su público pueda perder en ello (nada peor que invertir nuestro escaso tiempo libre en una película mediocre, en palabras de Slowik).

O, en el otro extremo del espectro, las obras creadas como insípidos juegos intelectuales, sin el más ínfimo afán de disfrute. Ya sea en el mundo del arte culinario o del cinematográfico, hay quienes ofrecen gastronomía molecular cuando otros sólo quieren simples, grasientas y no tan saludables hamburguesas con queso.

“Iluminar las profundidades del corazón humano es la misión del artista”.

Robert Schumann

La paradoja de El menú es que es un poco lo primero para hablar de lo segundo. Es un ejercicio cinematográfico que apela al intelecto para criticar nuestra tendencia casi esnobista para hablar de un mundo de placer, pero cuyo enfoque se ha ido hacia los números, el elitismo, el academicismo y las apariencias.

Afortunadamente, tanto Mylod como los guionistas Seth Reiss y Will Tracy (ambos escritores para programas de comedia como los de John Oliver y Seth Meyers) tienen la visión suficiente para hacer de esta, ante todo, una historia divertida. Puede que el plato principal de El menú sea algo más refinado y ácido, pero también hay espacio para el disfrute sin mayor pretensión que acompañar con unas papas fritas (o, para el caso, unas palomitas).

El menú ya está en salas de cine de México. Para saber más de la película, ver el tráiler o comprar boletos, entra aquí.