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En defensa de ‘Matrix Resurrecciones’

‘Matrix Resurrecciones’ ha sido uno de los blockbusters más divisivos del último año. También es el que más necesitábamos.

Lalo Ortega   |  
28 enero, 2022 11:39 AM
- Actualizado 9 febrero, 2022 10:42 AM

Dejemos algo claro desde el principio: sé que Matrix Resurrecciones (The Matrix Resurrections) está muy lejos de ser una película perfecta. También ha sido uno de los estrenos de alto perfil que más han dividido a la crítica y a la audiencia en años recientes, y por buenos motivos, en algunos casos. Por eso mismo es que, incluso si no es perfecta, es algo posiblemente mejor: interesante.

Un calificativo que, siendo honestos, es raro y sorprendente viniendo de una secuela, en una era en que Hollywood sólo parece hacer secuelas, reboots y remakes derivativos, con poco o nulo riesgo creativo, para asegurar una buena taquilla.

Y sin embargo, la existencia de Matrix como franquicia siempre ha sido paradójica. La saga, y particularmente la entrega original de 1999, es un relato sobre liberar la mente y oponerse a los mecanismos de control de un sistema opresor, que programa nuestra manera de pensar para consumir y, en turno, ser consumidos. Dos secuelas después, la saga creada por las hermanas Lilly y Lana Wachowski se había convertido, voluntariamente o no, en aquello que criticaba.

Incluso desde las etapas iniciales de su desarrollo, el hecho de que exista una cuarta entrega es un refuerzo de esas mismas paradojas. La que terminaría siendo Matrix Resurrecciones comenzó, como admitió el productor James McTeigue, como un proyecto de Warner Bros. que avanzaría con o sin el involucramiento de las Wachowski. Que Lana haya asumido la dirección cuando lo hizo, motivada por un difícil momento personal, fue sólo producto de la casualidad (o, quizá, de un error en la Matrix).

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Antes de convertirse en franquicia, Matrix transformó lo que significaba hacer ciencia ficción en Hollywood (Crédito: Warner Bros.)

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¿Pero qué contar de nuevo en este mundo? La historia de Neo, Trinity y Morpheus había llegado a un final definitivo con las dos secuelas (ambas estrenadas en 2003): la guerra con las máquinas había terminado gracias al sacrificio de Neo, y la humanidad en Zion podría vivir en paz. El protagonista estaba muerto… y la industria hollywoodense que la original Matrix tanto había transformado, había cambiado todavía más en las casi dos décadas desde entonces.

La respuesta estaba en lo metatextual.

Libera tu mente… de la secuelitis

La primera mitad de Matrix Resurrecciones es, a la vez, un déjà vu y un misterio. Vemos repetirse varios incidentes y elementos de la primera película, y seguimos a un Thomas Anderson (Keanu Reeves) nuevamente atrapado en la Matrix, quien se topa constantemente con Tiffany (Carrie-Anne Moss), una mujer idéntica a Trinity. ¿Por qué están aquí, si los vimos morir a ambos en Matrix Revoluciones?

La explicación, que vendrá más adelante, reafirma lo que está sucediendo con el protagonista dentro de la Matrix. En un destello de genialidad metatextual, Thomas Anderson es establecido aquí no como un hacker, sino como un exitoso programador de un videojuego llamado The Matrix. Este, como luego veremos, está basado en sus recuerdos de lo sucedido en la trilogía original, mismos que le hacen pensar que está loco, así que los suprime con píldoras azules.

Lana Wachowski lleva la broma más lejos, y de forma incisiva. El socio de Anderson, Smith (Jonathan Groff) le explica que Warner Bros., propietaria de la compañía de videojuegos, está ordenando el desarrollo de una secuela para The Matrix, contra los deseos de su creador.

Después vemos las reuniones creativas en donde, exasperado, Anderson ve a sus colegas arrojar ideas sobre lo que debería tener la secuela: más acción, más persecuciones, más cosas visualmente espectaculares que poco tienen que ver con lo que quería decir el original. Pero tiene que hacerse, porque los ejecutivos trajeados, cual Agentes del sistema, así lo quieren.

Finalmente, Matrix Resurrecciones llega a la explicación de qué hacen Neo y Trinity con vida. Luego de sus muertes en Revoluciones, aprendemos que sus cuerpos fueron hallados por las máquinas y resucitados. Después de estudiarlos, el programa conocido como el Analista (Neil Patrick Harris) descubrió que borrar sus recuerdos y conectarlos de nuevo a la Matrix, resultaba en una versión mucho más estable y resistente de ésta.

Suena casi como un estudio cinematográfico que le gusta revivir cosas muertas para hacer dinero seguro.

Matrix Resurrecciones
Objetivamente, que el amor de Neo y Trinity sea sustento de la Matrix, es uno de los aspectos menos justificables de Matrix Resurrecciones (Crédito: Warner Bros.)

Matrix Resurrecciones es, en otras palabras, una enorme metáfora sobre cómo una obra de arte que expone y critica al sistema, puede ser asimilada por éste y convertida en un producto en serie, desprovisto de su trasfondo y convertido en espectáculo vacío, para reforzarse y perpetuarse a sí mismo.

La paradoja es que una película con dicho calibre de producción, sólo podría salir de una industria como la hollywoodense. La conclusión, sin embargo, es la misma: es posible despertar.

Matrix Resurrecciones sólo es un fracaso para la Matrix

“La obsesión cultural con equiparar el éxito de una película con su taquilla es increíblemente dañina para esta industria. Orilla cada vez más a la industria a hacer puros productos, lo que es otra razón por la que constantemente tenemos reboots. Es McDonald’s. La gente sabe lo que van a sentarse a ver. Eso, inherentemente, es malo para el cerebro”.

Esa fue Lilly Wachowski en una entrevista de 2015, mientras las hermanas promovían su película El destino de Júpiter. Ya por entonces, la cineasta tildó de “repelente” la idea de volver a la saga de Matrix.

Su hermana, por sí sola, sí volvió a dirigir la cuarta entrega. Y contra las esperanzas de Warner Bros., la película sólo ha recaudado poco más de 148 millones de dólares en la taquilla mundial (según Box Office Mojo), contra un presupuesto de producción de 190 millones de dólares.

En términos del sistema, es un rotundo fracaso en taquilla, claramente propiciado por la aplanadora marvelita, que estrenó en cines lo último de su imparable megafranquicia una semana antes que la secuela de Matrix (a Spider-Man: Sin Camino a casa le bastó un mes en cines para volverse la sexta película más taquillera de la historia).

Matrix Resurrecciones
Jonathan Groff: un ejecutivo de Warner en una película de Warner (Crédito: Warner Bros.)

En ese sentido, Matrix Resurrecciones fracasó: la gente prefirió ir a ver la secuela de la franquicia arácnida que también acaba en reboot, pero también es secuela de otras dos franquicias arácnidas. El mensaje no se escuchó lo suficientemente fuerte (y algunos de los que sí lo escucharon, prefirieron compararla con Free Guy y declarar a ésta como la superior de las dos películas).

Pero a su modo, la película de Lana Wachowski es un triunfo. Pone en evidencia las contrariedades del fanboyismo y la cultura del fanservice. La razón por la que nos volvemos fans de una película, es porque nos sorprendió y nos dio algo totalmente nuevo la primera vez que la vimos. Odiar a la secuela por ser lo que su creadora quiso que fuera, y no ser lo que nosotros queríamos que fuera, es tan contradictorio como infantil.

Curiosamente, la triste taquilla de Matrix Resurrecciones tuvo su lado bueno. “No tenemos en mente una precuela. No tenemos en mente una secuela. No tenemos una futura trilogía”, dijo McTeigue en entrevista con Collider.

Las hermanas Wachowski ganaron.

Matrix Resurrecciones sigue en salas de cine y ya está disponible en plataformas de streaming. Si quieres consultar los enlaces para verla o comprar boletos, entra aquí.