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‘¡Nop!’ explota (y cuestiona) nuestra necesidad compulsiva de violencia

Con ‘¡Nop!’, el director Jordan Peele entrega una película que funciona muy bien como comentario social y como entretenimiento de verano.

Lalo Ortega   |  
22 agosto, 2022 12:00 AM
- Actualizado 6 septiembre, 2022 2:42 PM

Hay algo que despierta en nosotros cada vez que algún vecino se pelea con otro afuera de nuestra ventana. O cuando alguien en Twitter publica imágenes de ese artista que se cayó en pleno concierto. O cuando un noticiero exhibe las cruentas imágenes de la guerra o el atentado terrorista en turno. O cuando un amigo te envía fotos del chisme del momento: simplemente, tenemos que mirar. Es una necesidad compulsiva que viene como una picazón persistente y odiosa, y que no desaparece hasta que es rascada, satisfecha.

Es la enfermedad que padece nuestra sociedad desde la invención del cinematógrafo, sólo exacerbada por la proliferación de las pequeñas ventanas al mundo que todos cargamos en nuestros bolsillos (el hipercine y la todopantalla sobre los que escribieron Gilles Lipovetsky y Jean Serroy hace más de una década).

El cine y los medios de comunicación se alimentan de ese irresistible deseo nuestro de mirarlo todo, así estemos inundados de más estímulos audiovisuales de los que podemos (o debemos) procesar. ¡Nop! (Nope), que llega a salas de cine mexicanas este 25 de agosto, es la clase de película que, más allá de explotar esa compulsión voyerista nuestra, la utiliza para invitarnos a cuestionarla.

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Esa es una de las razones por las que cualquiera que entre a la sala de cine esperando ver una simple película de terror con OVNIs (algo completamente comprensible, considerando sus materiales promocionales) se sentirá justificadamente desconcertado por sus imágenes iniciales.

Y no es que no haya platillos voladores (o algo parecido a ellos) en el tercer largometraje del director Jordan Peele (¡Huye!, Nosotros). Sólo sucede que el largometraje nos recibe con una críptica imagen de un set de televisión desierto, salvo por un par de cuerpos en el piso (¿estarán muertos? El mobiliario nos impide afirmarlo) y un chimpancé ensangrentado que parece ser el victimario. Un letrero parpadea en el incómodo silencio: “Aplausos”.

Después, ¡Nop! comienza con su trama principal: en una remota quebrada de California existe un rancho de caballos utilizados para cine y televisión, operado por Otis Haywood (Keith Davis) y su hijo, Otis Jr. “OJ” (Daniel Kaluuya).

¡Nop!
El introvertido OJ y la híper extrovertida Em cuentan a la audiencia un pedacito de historia del cine (Crédito: Universal Pictures)

Sin embargo, en un día cualquiera, algo misterioso hace llover pedazos de metal del cielo, cobrando la vida de Otis padre. OJ y su hermana Emerald “Em” (Keke Palmer) heredan el rancho, pero las finanzas no van bien. Uno de sus clientes es Ricky “Jupe” Park (Steven Yeun), un antiguo niño actor conocido por protagonizar un programa de televisión junto a un chimpancé, que acabó en tragedia. Ahora, Jupe vive de un parque temático que explota sus viejas glorias y el morbo por el incidente con el simio.

Eventualmente, OJ y Em sí que descubren lo que parece ser un OVNI robando sus caballos, y los hermanos están tan determinados a probar su existencia que instalan cámaras en su rancho y salen a perseguirlo.

Pero qué tiene que ver eso con el chimpancé y el parque de atracciones, no es evidente durante un buen trecho de ¡Nop! (lejos de serlo). Pero Peele, tan hábil como creador de espectáculos de género como comentarista social, va sembrando pistas durante las poco más de dos horas de metraje de la película.

En su vertiente de espectáculo, Peele nos entrega una producción de terror y ciencia ficción en la más pura tradición spielbergiana: la amenazante presencia de lo desconocido y el impactante asombro por ello, son prestados de Encuentros cercanos del tercer tipo. Pero, como en Tiburón, Peele dota a su amenaza central de un escalofriante halo de misterio, al revelarnos únicamente lo estrictamente necesario sobre ella.

¡Nop!
¡Nop! nos mantiene adivinando al mostrarnos lo necesario (Crédito: Universal Pictures)

Así como lo fue ¡Huye! en su momento, ¡Nop! es la clase de película que ofrece espectáculo cinematográfico puro, que puede disfrutarse en un nivel superficial (con la diferencia de que, con un presupuesto de producción de 68 millones de dólares, es la película más grande y costosa en la carrera de Peele por un buen trecho).

Pero es lo que la película dice sobre eso, sobre nuestro goce obsesivo de ver el dolor y sufrimiento ajenos en cantidades casi anestésicas, lo que la hacen trascender su mera condición de buen espectáculo de terror y ciencia ficción.

Lo que ¡Nop! dice de nuestra cultura audiovisual

“Echaré sobre ti inmundicias, te haré despreciable, y haré de ti un espectáculo”.

– Nahúm 3:6

Volviendo a qué tienen que ver entre sí la tragedia del chimpancé, el rancho y el OVNI, ¡Nop! nos sugiere un antecedente común en una escena que parece trivial.

Resulta que OJ y Em afirman que su familia ha sido parte fundamental de la historia de Hollywood (y del cine como un todo), pues sostienen que son descendientes del jinete anónimo de El caballo en movimiento, parte del estudio del movimiento Animal Locomotion realizado por Eadweard Muybridge a finales del siglo XIX.

La serie de cronofotografías es uno de los precursores del cine mismo. O, quizá, su pecado original (no ha de ser casualidad que ¡Nop! abre con el versículo bíblico citado arriba).

En otras palabras, todo nos conduce de vuelta a los inicios del cine, a la capacidad de la humanidad para capturar imágenes, reproducirlas en pantalla, y ofrecer al mundo la capacidad de mirar. Una epidemia de voyeurismo que germinó en la inocencia del entretenimiento y del arte, pero que ha crecido a las tierras de una explotación que puede ser tan degradante como adormecedora.

Porque, el hecho de que un niño traumatizado por un chimpancé asesino decida explotar su propio trauma para ganar dinero en la adultez, es únicamente posible porque en el mercado existe una demanda impulsada por el morbo. Nuestra cultura pop crece como una bola de nieve de trivialidades enfermizas: la fascinación por el qué sucedió, con lujo de detalle, quién fue la víctima y quién el victimario. El mismo origen de nuestra fascinación mórbida por la tormenta de mierda que fue el caso Depp vs. Heard, por ejemplo. Simplemente no podemos evitarlo.

Sin revelar detalles, cabe decir que la amenaza antagónica de ¡Nop!, en cierto modo, parte de ese mismo morbo y se alimenta de él. Y Peele la dota de suficiente ambigüedad para que su origen sea lo menos importante. ¿Son alienígenas? ¿Un trol con mucho tiempo y dinero? ¿Algo más? Realmente no importa.

Lo que Peele sí hace con una maestría hitchcockiana, es incitar el deseo de nuestra mirada. “¿Qué diablos es eso?”, nos preguntamos constantemente, al ver meros atisbos de ello.

¡Nop!
La respuesta a todas las preguntas sobre el OVNI posiblemente sea: “no importa” (Crédito: Universal Pictures)

Pero, conforme más y más personajes consiguen vislumbrar la amenaza frontalmente (y sufren las consecuencias), el director plantea una pregunta sontagiana: ¿qué será de nosotros conforme la violencia y la muerte inundan las pantallas de nuestros bolsillos para nuestro consumo compulsivo?

¿Será que las imágenes adormecen nuestra humanidad hasta arrebatárnosla, condenándonos a vagar por nuestros feeds de redes sociales en el hastío de la indiferencia?

¡Nop! llega a salas de cine mexicanas este 25 de agosto. Si quieres saber más de la película, ver el tráiler o comprar boletos, entra a este enlace.