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‘Todo en todas partes al mismo tiempo’: el cine en anarquía

Dirigida por el dúo Daniels, ‘Todo en todas partes al mismo tiempo’ demuestra que el espectáculo en el cine no está peleado con las grandes ideas.

Lalo Ortega   |  
14 junio, 2022 11:18 AM
- Actualizado 27 junio, 2022 11:11 AM

Después de haber visto Todo en todas partes al mismo tiempo (Everything Everywhere All At Once), el director y guionista Paul Schrader (El contador de cartas) manifestó en su Facebook: “la aprecié más que la disfruté”. Y añadió: “Creo que se necesita haber crecido en una sociedad de medios fragmentados para sentirse a gusto con ella”.

La afirmación es interesante viniendo de quien viene, pues dice bastante no sólo de la película en sí, sino del momento cultural y el ecosistema mediático en el que se inserta.

Y es que, cabe señalarlo, la conversación en medios de comunicación alrededor de la película –que ya tuvo su preestreno en algunas ciudades de México y tendrá su estreno nacional el 23 de junio– la corona como “la mejor del año” (lo que sea que eso signifique).

Eso a pesar de que, en la superficie, podría parecer que el largometraje dirigido por Daniel Scheinert y Dan Kwan (colectivamente conocidos como Daniels) comete uno de los pecados más criticados del cine contemporáneo: ser un producto hiperestilizado –e hiperactivo– sin considerar mucho la sustancia. Dada su naturaleza, esa hiperactividad es prácticamente una necesidad para Todo en todas partes al mismo tiempo.

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Su trama sigue a Evelyn Wang (Michelle Yeoh), una inmigrante china en Estados Unidos que lucha por mantener a flote una lavandería junto a su esposo, Waymond (Ke Huy Quan, de Los Goonies), quien quiere pedirle el divorcio. Al mismo tiempo, su hija Joy (Stephanie Hsu), profundamente infeliz, intenta que su madre acepte a su novia, Becky (Tallie Medel).

Todo en todas partes al mismo tiempo
Evelyn es la protagonista, pero toda la familia Wang es el corazón de Todo en todas partes al mismo tiempo (Crédito: Diamond Films)

Todo esto viene en los primeros minutos, antes de que una versión alternativa de Waymond informe a Evelyn que existe un multiverso, y que hay un ente poderosísimo conocido como Jobu Tupaki que amenaza con destruirlo todo. Ahora, ella debe saltar de un universo a otro, a las conciencias de sus “otras yo”, y así aprender las habilidades necesarias para salvar el multiverso entero.

En otras palabras: hay bastante que desempacar aquí, y los directores nos llevan al viaje por medio de un bombardeo visual de cortes rápidos, secuencias de imágenes más breves que un TikTok, así como oleadas de colores y referencias a la cultura pop. Es la clase de asalto a los sentidos que, en otros contextos, cineastas consagrados habrían comparado con “parques de diversiones”.

El caso de Schrader es pertinente, porque la película de Daniels sería la antítesis del cine que lo impresionó y sobre el que teorizó al escribir El estilo trascendental en el cine: aquellas películas cuyo abordaje minimalista de la forma y la narrativa (planos largos, acción poco expresiva, movimientos de cámara austeros o nulos) reservaba un impacto emocional revelador y casi espiritual para los momentos de quiebre. Es decir, un tipo de cine para una sociedad cuyos medios estaban menos fragmentados.

¿Esto significa que el frenesí audiovisual de Todo en todas partes al mismo tiempo la convierte en algo desprovisto de emociones profundas y reveladoras, más afín a las tan condenadas películas “de parque de diversiones”? Para nada. Porque debajo de su alucinante apartado visual, de los bagels cósmicos y la ridiculez de los dedos de salchicha, hay una historia que va hasta el corazón de la experiencia de ser humano en el universo.

En la cumbre del hipercine

Lo primero que habría que decir sobre el exceso visual de la película, es que quizá sea uno de los pocos casos contemporáneos en los que está temáticamente justificado. Después de todo, esta es una historia en la que la conciencia de su protagonista va saltando de un universo a otro, aprendiendo habilidades para defender el suyo.

Inevitablemente, esto nos lleva a una fragmentación temporal y narrativa propia de su título. Todo en todas partes al mismo tiempo alude a la experiencia de Evelyn, experimentando múltiples vidas alternativas a la vez, existiendo en su universo natal simultáneamente con otros. Es un concepto narrativamente complejo, pero que los directores logran aterrizar visualmente desde el principio: el cuadro se fragmenta en dos, igual que la mente de la protagonista.

Todo en todas partes al mismo tiempo
Así experimentamos el primer “saltoverso” de Evelyn (Crédito: Diamond Films)

Una vez presentado el concepto de multiverso, la película abandona este recurso visual y comienza a saltar entre el universo de nuestra Evelyn y de las otras, pero sin perder el hilo de la narrativa. Más tarde, la existencia de mundos infinitos es representada por una ráfaga de imágenes de Evelyn en otras vidas, en rápida sucesión.

Pero también hay que decir que “todo en todas partes al mismo tiempo “evoca nuestra forma de experimentar el cine y los medios de comunicación en la actualidad. Tenemos la pantalla del cine, pero también las de los televisores, las computadoras, los celulares y hasta las de los relojes inteligentes. Vemos series en la sala y tuiteamos sobre ellas después (si no es que a la vez).

Claro que no es la forma ideal de consumir una película (y sí, hay argumentos muy válidos sobre los perjuicios psicológicos de esta fragmentación cognitiva), pero lo cierto es que nuestras mentes están hoy en día más acostumbradas a estos saltos constantes entre torrentes de información.

Puede ser abrumador, claro, pero no cabría descalificar a la película por ello, como han hecho algunas críticas. En todo caso, los Daniels logran mantener la coherencia narrativa en medio del caos de información multiversal.

Todo en todas partes al mismo tiempo
A través de su estética, referencias y temáticas, Todo en todas partes al mismo tiempo se presenta como un mejor complemento para Matrix que cualquiera de sus secuelas (Crédito: Diamond Films)

Incluso cabría decir que Todo en todas partes al mismo tiempo es uno de los ejemplos más originales del potencial que todavía tiene el cine en nuestra época, luego de que su infección con el germen de la televisión, de las redes sociales, del streaming (hipermediático, en suma), lo ha hecho mutar en el hipercine que consumimos hoy: multigénero, intertextual, autorreferencial y frenético, pero fértil para la anarquía creativa.

Todo en todas partes al mismo tiempo es la lucha contra el nihilismo

Sin embargo, a pesar del caos que permea su superficie, los Daniels logran mantener la coherencia narrativa para contar una historia que, si bien parece ser una de tantas sobre el valor de la familia y el amor, en realidad se adentra en aspectos más profundos y universales de la experiencia humana.

Vale la pena guardar las sorpresas, pero basta con decir que, a través de su temática multiversal, Todo en todas partes al mismo tiempo es una película que mira de frente al oscuro abismo del vacío existencial del absurdo.

Todo en todas partes al mismo tiempo
Evelyn lleva una existencia menos mundana en otro universo, pero a un costo (Crédito: Diamond Films)

Si existen infinitas versiones de nosotros mismos, moldeadas por el azar y las más pequeñas decisiones para llevar infinitas existencias igual de insignificantes entre sí, entonces nada importa. O al menos así lo piensa uno de los personajes principales de la película, quien abraza un nihilismo absoluto.

La protagonista, en cambio, vive en el hastío, abrumada por los problemas cotidianos de su existencia (como una inminente auditoría a su lavandería, o tener que cuidar de su demandante padre) y las desilusiones de lo que pudo ser. Cuando vislumbra otras vidas en las que su existencia es objetivamente mejor, el arrepentimiento y la desesperación la tientan a abrazar el pesimismo.

Pero tal y como hicieron con su película anterior (sobre un flatulento cadáver de Daniel Radcliffe utilizado como navaja suiza), los Daniels llevan a su protagonista a tocar fondo, antes de llegar a la revelación.

Y, de nuevo, es mejor no arruinar las sorpresas. Pero a través del frenesí y de su hilarante profanidad, Todo en todas partes al mismo tiempo es una película que, en vez de evitar el absurdo, decide abrazarlo para ofrecer el que quizá sea su único antídoto: encarar el miedo y la abrumadora oscuridad de la nada, con el amor en una mano y un propósito en la otra.

Todo en todas partes al mismo tiempo
“Hay que ser amables unos con otros”, es una de las máximas de la película (Crédito: Diamond Films)

Lo que nos demuestra, primero, que las ideas grandes y emociones trascendentales no necesariamente deben estar reservadas a las películas de un virtuosismo autoral casi académico. También pueden venir de una película bombástica de corte blockbuster en la era de TikTok.

Y lo segundo, es que todavía hay esperanza para los estrenos de verano. Todo en todas partes al mismo tiempo es, sin duda, la película más bella que existe protagonizada por rocas con ojitos de plástico, en la que las personas usan dildos como espadas, y pelean con trofeos ensartados por el culo.

Todo en todas partes al mismo tiempo ya está en salas de cine de México. Si quieres saber más sobre la película, ver el tráiler o comprar boletos, entra a este enlace-