vaca-cow-mubi-analisis

‘Vaca’, de MUBI, muestra el doloroso camino de la leche de vaca

El documental ‘Vaca’ sigue la vida de Luma, una de las vidas que transcurren en una granja de vacas lecheras.

Matheus Mans   |  
15 febrero, 2022 8:30 AM
- Actualizado 18 febrero, 2022 10:29 AM

Cuando vamos al supermercado, compramos leche empacada en una cajita o, en algunos casos, en una botella de plástico. El pescado puede venir en bandejas de poliestireno, al igual que la carne bovina o porcina. Es un proceso que, cuando se repite innumerables veces, “cosifica” a los animales responsables por esos alimentos. En ellos no vemos al puerco, a la vaca o al pollo: vemos objetos. Es justamente contra ese proceso que surge la película Vaca (Cow), que llegó a MUBI el pasado 11 de febrero.

Dirigido por Andrea Arnold (Dulzura americana), el documental sigue el día a día de Luma. ¿Una persona? Para nada. Luma es una vaca lechera de la raza Holstein –con manchas negras en la piel blanca, también conocida como vaca holandesa–. Vemos su vida desde que da a luz a un becerro, pasando por la separación brusca de su cría, hasta que llegamos a la explotación de su cuerpo, cuando se le extrae la leche a cualquier costo.

Vaca (Cow), de MUBI
Luma es la protagonista de este documental necesario y doloroso (Crédito: MUBI)

La cámara de Arnold, de una habilidad naturalista que ya ha demostrado en Dulzura americana y en Fish Tank, coloca al espectador de lleno en la jornada del animal. Mientras la industria alimentaria la cosifica, Arnold la humaniza. Hasta el tratamiento de los granjeros, dueños de Luma, aumentan esa personalización de la vaca: la ponen a escuchar música, la llaman por su nombre en vez de su número, y la vemos sufrir demasiado con la ausencia de su cría.

Más allá de Vaca

Publicidad

El movimiento del cine que vemos en Vaca es algo que va más allá de la película sobre Luma. Entre 2013 y 2014, dos películas trajeron a la mesa debates importantes sobre animales invisibilizados: Blackfish, documental sobre los malos tratos a los animales en el parque Sea World; y Cowspiracy. Este último, muy recomendado por el público vegano y vegetariano, tal vez haya sido el primero en abrir el debate sobre los efectos de la industria agropecuaria intensiva en el medio ambiente y en la vida de los animales.

Después de eso, la discusión se enfrió en el cine. Obtuvo algo de relevancia con Okja, película de ficción dirigida por Bong Joon-ho (Parásitos), y sólo eso. Sin embargo, en últimos años, los animales han pasado a tomar el papel central en ese debate. Super Size Me 2: Holy Chicken!, por ejemplo, mostró los detalles de la rutina de los pollos en la industria alimenticia. Seaspiracy: La pesca insostenible, de 2021, se sumergió en los peligros de la industria pesquera, provocando una incomodidad absoluta.

Sin embargo, Vaca lleva la discusión a otro nivel. Las mencionadas películas ponen a las personas al centro de la discusión: son ellas quienes verbalizan los abusos y, algunas veces, son el foco de las cámaras. Pero la película de Andrea Arnold hace algo distinto: es Luma quien conquista a la audiencia con su dulzura inesperada, la historia inicia, avanza y termina con ella. Los granjeros son poco más que sombras, y Luma roba la atención para sí durante todo el metraje,

Lejos de ser panfletaria

Es en este punto que entra el principal punto positivo de Vaca: no hay absolutamente nada de panfletario o de película-propaganda en esta producción de Arnold. Por muy bienintencionadas que sean, Cowspiracy, Blackfish, Super Size Me 2 y Seaspiracy tienen una agenda, una idea preconcebida por sus directores y guionistas. Eso funciona, y esa es la razón por la que son populares entre el público, pero no hay una verdad ni una naturalidad chocante: hay hechos, datos, ideas.

Vaca, mientras tanto, deja las cosas suceder, simplemente. La cineasta no quiere exactamente comprobar una tesis ni dar su argumento, sino mostrar una realidad. No por nada, la cámara de Arnold muchas veces va “al hombro” de Luma: quiere retratar todo desde su perspectiva, sus emociones, sus sentimientos. Vemos su dificultad para andar cuando la ubre está llena de leche, su preocupación por su becerrito, la ausencia de cualquier tipo de estímulo en su día a día.

Con eso, naturalmente, surgen varias cuestiones. ¿Habrá forma de que la industria lechera no sea una villana para la vida de las vacas? ¿Será que no es posible tratar bien a estos animales? ¿Será que la vaca, y cualquier otro tipo de animal que vive, respira y existe, no tiene derecho de sentir con su cuerpo? Luma es explotada, de las más variadas maneras, y no parece que haya fin. Después de Luma, el becerro seguirá ese proceso. Es una máquina, y Arnold, sin gritar, pregunta:¿hasta cuándo seguirá?

¿Quieres saber más sobre Vaca y encontrar el enlace directo para verla? Entra aquí.

Publicado originalmente en la edición brasileña de Filmelier News.