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La (ir)relevancia de ‘Avatar’

‘Avatar’ regresa a cines a 13 años de su estreno, previo a la llegada de su secuela.

Lalo Ortega   |  
23 septiembre, 2022 9:31 AM
- Actualizado 26 septiembre, 2022 12:47 PM

No es cosa de todos los días que una película reciba una secuela una década (o mucho más, en algunos casos) después de su estreno original, y menos si se trata del género de ciencia ficción. Tampoco sucede con cualquier película. Está, por ejemplo, Blade Runner, que debió cultivar su estatus como clásico de culto durante 35 años antes del estreno de Blade Runner 2049.

En cierto modo, podemos decir que Avatar no es cualquier película.

Por lo menos no en términos de la numeralia. Hablamos de la producción con uno de los presupuestos de producción más elevados del siglo, hasta ese momento, que redituó en la taquilla más grande de la historia a nivel mundial (reclamando en 2021 el lugar que le había arrebatado Avengers: Endgame, luego de reestrenarse en China), con 2.8 miles de millones de dólares recaudados previo a 2022. La evidencia apuntaría, pues, a un fenómeno de la cultura popular de proporciones épicas.

Uno que, sin embargo, es mejor recordado como “Pocahontas con aliens”.

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En ese sentido, Avatar es un fenómeno curioso. Su presencia es monolítica en la historia del cine, inextricable de los récords de la taquilla y de la innovación tecnológica (los primeros, facilitadores necesarios de la segunda). Por otro lado, en ella no hay un tema musical memorable, una frase que podamos citar fácilmente ni una imagen instantáneamente icónica. Es una broma común que nadie recuerda siquiera los nombres de sus protagonistas.

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Nómbralos. Podemos esperar. (Crédito: 20th Century Studios)

Pero henos aquí ante el reestreno de la película, restaurada en 4K para proyectarse una vez más en formato 3D con novedosos proyectores láser, todo como antesala a la llegada de Avatar: El camino del agua, 13 años después de su predecesora. ¿Es la película de James Cameron un clásico digno de la fanfarria? ¿Debería importarnos a estas alturas?

La relevancia de Avatar

¿Qué (o quién) define lo que es un clásico? En términos algo burdos, podríamos decir que es aquello que el consenso hegemónico considera valioso por ser atemporalmente relevante, sobresaliente y ejemplar entre su clase.

Una película, pues, puede consagrarse como un éxito en taquilla por criterios estrictamente monetarios. Pero son los criterios estéticos de su época los que determinarán si volveremos a ella a lo largo del tiempo, forjando la permanencia que la legitimará como un clásico.

Así, quizá convenga tildar a Avatar no como un clásico, sino como un parteaguas tecnológico. Si bien puede cuestionarse su persistencia en el imaginario colectivo después de haber roto la taquilla mundial, no puede negarse que la historia del blockbuster del siglo XXI se divide en antes y después de la película de James Cameron. El Hollywood contemporáneo no se entiende sin ella.

Las innovaciones tecnológicas creadas para esta producción son muchas y demasiado complejas para enumerar aquí. Basta con decir que Cameron, su equipo y la compañía de efectos visuales de Peter Jackson, Weta Digital, llevaron al límite las posibilidades de los sets con pantalla verde, la animación digital y, sobre todo, la captura de movimiento.

Para entonces, la técnica ya era empleada en industrias como la de los videojuegos, y ya tenía precedente en el cine desde bastantes años atrás. Pero Avatar la perfeccionó. Gollum y Jar Jar Binks caminaron para que sus hijos azules pudieran correr (una disculpa por la imagen mental).

Con Avatar, James Cameron tenía en mente, ante todo, crear una sensación de inmersión en el mundo de Pandora. Viendo la película en 3D, incluso 13 años después de su estreno original, su éxito es indiscutible. Es difícil no rendirse ante las imágenes de sus islas flotantes o de su flora bioluminiscente (incluso si el poder de procesamiento necesario para crearlas equivale a un costo ecológico que haría llorar a los Na’vi). La restauración en 4K hace las texturas de este mundo más palpables que nunca.

Y es un hecho bien conocido que Cameron concibió la película durante los 90, pero esperó a que la tecnología estuviera a la altura de su visión para avanzar con el proyecto. Es un caso paradigmático de la tecnología al servicio de la historia y no a la inversa, como es tan frecuente con el entretenimiento perezoso de Hollywood.

¿Pero qué historia nos cuenta?

La irrelevancia de Avatar

El calificativo de “Pocahontas con aliens” no es casual.  La película de Cameron, después de todo, sigue una historia sobre una guerra entre nativos y colonizadores ya vista en tantas otras obras.

En Avatar, se nos da a entender que la avaricia humana ha terminado con todos los recursos de la Tierra, así que busca saciarse con los de otros mundos. Así, una megacorporación envía una misión a la luna de Pandora, con el objetivo de extraer un preciado mineral. Sin embargo, tienen por obstáculo a los residentes Na’vi.

Para relacionarse con ellos, científicos han desarrollado réplicas de cuerpos Na’vi, llamados “avatares”, a los que los humanos pueden transferir sus mentes. Cuando su gemelo científico muere antes de la misión, el exmarine paraplégico Jake Sully (Sam Worthington) es elegido para ocupar su avatar e infiltrarse entre los nativos. Es así como conoce a Neytiri (Zoe Saldaña), hija del líder de la tribu Omaticaya.

Como todos sabemos a estas alturas, al aprender sobre el modo de vida y creencias de los Na’vi, Jake acaba cuestionando sobre su misión y su lado en la guerra. Es una historia proambientalista, antimilitarista y anticapitalista (con la ironía de que, claro, una producción de este calibre sólo es posible con carretadas y carretadas de billetes verdes).

Pero, al igual que películas tan similares temáticamente como lo son Danza con lobos y El último samurái, Avatar también es una narrativa que perpetúa el complejo del salvador blanco (incluso si, aquí, no hace más que disfrazarse de azul). El guión nos hace instantáneamente empáticos hacia él por medio de su deficiencia física.

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Antes de Avatar, ¿cuántas veces vimos la misma historia en pantalla? (Crédito: 20th Century Studios)

El poco poder de permanencia de Avatar podría deberse, en buena parte, a que nos cuenta esa historia apoyándose en arquetipos tan básicos como gastados. Los villanos son mediocremente bidimensionales: tenemos al militar híper macho (Stephen Lang), y al empresario sin escrúpulos (Giovanni Ribisi). La protagonista femenina, una vez que Jake ha probado su valía, cae peligrosamente cerca del terreno de “damisela en peligro”.

En cuestión de narrativa visual, la producción es correcta, eficiente, pero nunca extraordinaria debajo del intachable trabajo de efectos visuales. Es tremendamente emocionante casi de principio a fin, pero sólo tan memorable como una fugaz montaña rusa en un parque de diversiones.

¿Esto significa que Avatar es desechable del todo? No necesariamente. El calibre de espectáculo visual que brinda siempre se aprecia mejor en la gran pantalla, reafirmando una vez más el poder (e importancia) de las salas de cine.

Puede que no nos ofrezca mucho más que eso, lo cual no es del todo negativo. Apantalla más por su apariencia que por lo que nos cuenta, pero su legado tecnológico es indiscutible. La historia tiene un lugar reservado para los parteaguas, ahí donde todavía recordamos a El cantante de jazz por el sonido, o a El tributo del mar por el color.

Avatar ya está en salas de cine de México. Para saber más sobre la película, ver el tráiler o comprar boletos, entra a este enlace.