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‘Being the Ricardos’ y la grandiosa historia de Lucille Ball

De Amazon Prime Video, ‘Being the Ricardos’ brinda una gran actuación de Nicole Kidman y una excelente reconstrucción de la época, pero es sólo la punta del iceberg en la vida de una de las mujeres más importantes en la historia de Hollywood.

23 diciembre, 2021 12:19 PM
- Actualizado 10 enero, 2022 11:45 AM

Esta semana se estrenó una película que tiene todo para destacar en la próxima temporada de premios: Being the Ricardos. Ya con tres nominaciones a los Globos de Oro 2022, la película de Amazon Prime Video cuenta los sucesos en una semana de la producción de la serie clásica de la televisión estadounidense, Yo amo a Lucy (I Love Lucy), enfocándose en sus dos protagonistas: Desi Arnaz y Lucille Ball, quienes interpretaban a Lucy y Ricky Ricardo en la producción de los años 50, de la que también eran productores.

Being the Ricardos es, en definitiva, una oda a la TV de antaño y a la base del entretenimiento que tenemos hoy. El director Aaron Sorkin (El juicio de los 7 de Chicago), también guionista, toma una decisión peculiar: reúne en una sola semana diversos hechos importantes en las vidas de Lucille y Desi, como una manera de revelar quiénes eran detrás de cámaras.

O sea, a la vez que ellos deben ensayar escenas, relacionarse con los compañeros del set, mostrar su inconformidad con el guión y lidiar con ejecutivos y egos, Ball también tiene que lidiar con acusaciones de ser comunista, los engaños del marido y, como cereza en el pastel, el embarazo de su segundo hijo, Desi Jr.

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Recordemos que era el inicio de los años 50. Los Ricardos, en la serie, ni siquiera dormían en la misma cama. Para empeorar las cosas, nadie nunca había aparecido embarazada a cámara, pero la pareja pretendía incorporar esa transformación a la narrativa de la serie, algo inédito en la (aún por entonces corta) historia de la televisión.

Nicole Kidman y Javier Bardem en 'Being the Ricardos'
Javier Bardem y, sobre todo, Nicole Kidman, son lo más destacado de Being the Ricardos (Crédito: Amazon Studios)

Sin embargo, incluso con una actuación magistral de Nicole Kidman como Lucille Ball, junto a un competente Javier Bardem como Arnaz, Being the Ricardos es el clásico caso de una película que no logra dar una real dimensión de sus protagonistas, lo que es una pena.

Que no se malinterprete: Being the Ricardos es una muy buena película (no por nada está en nuestra lista de las mejores películas de 2021). Como historia detrás de cámaras, para los aficionados de la televisión, funciona muy bien. Sorkin también destila su humor cínico, que si bien se aleja de la comedia infantil de Yo amo a Lucy, funciona como condimento de una realidad complicada.

Aún así, para quienes no conocen la historia de la TV estadounidense ni lo que sucedía tras bambalinas, será difícil entender la envergadura de los nombres en escena: se trata de la primera mujer que presidió un estudio de Hollywood. Sorkin incluso intenta rellenar esas lagunas con entrevistas estilo falso documental, pero el resultado se siente falso.

Por eso, es pertinente hacer algo de justicia para quien fue Lucille Ball.

Mucho más que Being the Ricardos

Nacida en 1911, Lucille Ball se empeñó por alcanzar el estrellato en Hollywood. Hizo diversas apariciones en películas del antiguo estudio RKO Pictures, hasta que consiguió un contrato con la Metro-Goldwyn-Mayer. Sin embargo, no llegó la tan esperada fama, y quedó encasillada como la “reina de las películas serie B” (“Queen of the B’s”), de bajo presupuesto.

Eso hasta quedarse sin empleo.

Con una gran voz, Ball logró protagonizar un serial de radio para la CBS, llamado My Favorite Husband. Se volvió un hit. Entonces la compañía invitó a la actriz para llevar la fórmula al canal abierto del grupo. Fue ahí que la genialidad de la actriz se hizo mucho más evidente.

Lucille Ball hizo una serie de exigencias a la CBS. Entre ellas, que su marido de la vida real, Desi Arnaz, protagonizara la serie. En parte, era para que la actriz también pudiera salvar su matrimonio, pues la vida de ella en el set y los escenarios los alejaban. De forma renuente, por colocar a un cubano en el papel principal, los ejecutivos del canal aceptaron.

Sin embargo, las exigencias no pararon ahí: en aquella época, la región más poblada y adinerada del país era la Costa Este, y las series eran interpretadas en vivo, en Nueva York, para dicho mercado. Como las cintas de video aún no habían sido inventadas, las producciones eran exhibidas con retraso en otras regiones del país a partir de un proceso llamado “kinescope”, con una cámara de cine de 16mm grabando a partir de un monitor lo que se había actuado en vivo.

Como podrán imaginar, eran grabaciones de peor calidad en relación a lo exhibido en la Costa Este.

Lucille Ball y Desi Arnaz
Los verdaderos Desi Arnaz y Lucille Ball en el set de Yo amo a Lucy (Crédito: CBS Television Studios)

Sólo que Lucille y Desi no querían dejar su ciudad, Los Ángeles. Al mismo tiempo, no tenía sentido para la CBS exhibir Yo amo a Lucy en vivo en California, y dejar la serie en kinescope en sus mercados más importantes, al otro lado del país. Surgió un impasse, bajo las presiones de la empresa Phillip Morris, patrocinadora de la serie.

A Desi Arnaz se le atribuye una genial jugada: él ofreció a la CBS que la propia pareja fuera responsable por financiar la costosa grabación de la serie con cámaras de cine, en 35mm, con un innovador modelo multicámara. Nada sería en vivo, y las películas serían distribuidas por las afiliadas en todo el país, en calidad impecable. Además de eso, toda la producción quedaría a cargo de ambos, el canal sólo recibiría los episodios listos y ya editados.

A cambio, Ball y Arnaz se quedarían con los derechos de explotación de la serie después de la primera exhibición.

Arnaz fue más allá: creó un modelo de producción conciso, con apenas un sólo estudio y pocos escenarios, además de traer público a las grabaciones –como se hacía en radio, de donde venía My Favorite Husband.

De forma aislada, varias de esas iniciativas ya habían sido ejecutadas poco antes en televisión. Pero la mezcla de todas ellas dio lugar a un nuevo formato de producción: habían nacido las sitcoms (situation comedy).

Al mismo tiempo nació Desilu Productions (mezcla de los nombres de la pareja), el estudio responsable por producir Yo amo a Lucy.

Being the Ricardos
El conflicto entre Lucille y Desi es una de las bases de Being the Ricardos (Crédito: Amazon Studios)

¿La serie? Se volvió un éxito avasallador, una explosión de audiencia. La TV mundial se divide en el antes y el después de Yo amo a Lucy. Las sitcoms se volvieron material básico de Hollywood, un formato utilizado hasta hoy.

Liderando un estudio

Lucille Ball siguió con fuerza con Desilu Productions. Los derechos de retransmisión de Yo amo a Lucy se volvieron un activo relevante, en la medida que la serie se volvió material de relleno para las programaciones de las diversas afiliadas en el país. Así, la CBS compró esos derechos por una fortuna, posibilitando a Desilu adquirir los antiguos estudios de la RKO.

Así es: Lucille Ball compró los estudios donde ella había grabado algunas de sus primeras películas.

Lucille y Desi se separaron en 1960, y Ball se convirtió en la única dueña y presidenta de Desilu. Fue una época de oro para el estudio: de ella salieron series como Misión: Imposible y Viaje a las estrellas (Star Trek). Quienes trabajaron con Ball en esa época destacaban la visión creativa que ella tenía como presidenta.

Sin embargo, eran tiempos extremadamente machistas, y la ahora ejecutiva sufría acusaciones de no cuidar de sus hijos –algo que, como sabemos, nunca se le cuestionaba a un hombre–. Para ello, Ball llegó a construir un jardín en Desilu que imitaba el de su mansión, para poder tomarse fotos para prensa junto a sus hijos en sus pausas de trabajo. Todo para publicar en los medios y aplacar los comentarios maliciosos.

Paramount Studios
El bungaló de Lucille Ball en Paramount Studios, junto al jardín modelado para ser idéntico al de su casa, y mantenido hasta hoy con la misma forma (Crédito: Renan Martins Frade)

Sin embargo, debido al crecimiento de Hollywood y los gastos exagerados en la producción de algunas series –más específicamente, de Viaje a las estrellas–, el estudio tuvo que ser vendido. Fue Gulf+Westen, dueña de Paramount Pictures, la que compró a Desilu y la renombró Paramount Television.

Los estudios de Desilu fueron incorporados a los de Paramount, que estaban a un lado. Hasta hoy, el antiguo bungaló de Lucille Ball sigue ahí, al igual que su jardín, un recuerdo aún vivo del machismo que continúa entre nosotros.

Entonces Lucille creó una nueva productora, regresando al papel de Lucy para series subsecuentes. Tuvo éxito hasta la segunda mitad de los años 70, cuando su carrera entró en declive. Su última aparición pública fue en los Oscar de 1989: moriría semanas después, a los 77 años.

En esas vueltas que da la vida de los negocios, Gulf+Westen fue renombrada Paramount Communications y, en 1994, fue comprada por Viacom, que era dueña de la CBS. En 2006, Paramount Television se volvió CBS Television Studios.

O sea que hoy, la creación de Lucille Ball y Desi Arnaz tiene el mismo nombre del canal de TV de aquel acuerdo de los años 50. Series como CIS, Star Trek Discovery, NCIS, Cold Case y tantas otras poseen, incluso de forma muy distante, el ADN de Desilu.

Incluso si deja de lado buena parte de esa historia –hay referencias aquí y allá, es verdad–, Being the Ricardos es extremadamente competente al establecer que la actriz era mucho más que el personaje que interpretaba a Lucy Ricardo.

Poseedora de una visión adelantada a su tiempo, de un óptimo timing para la comedia y extremadamente rápida de raciocinio, Lucille Ball ayudó a definir mucho de lo que es hoy el mundo del entretenimiento.

Así que ojalá podamos ver más películas sobre ella. Y si son con la gran actuación de Nicole Kidman, mejor.

Publicado originalmente en la versión brasileña de Filmelier News.