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‘Culpable’: la muestra de que los subtítulos aún son un obstáculo en EUA

‘Culpable’, de Netflix, es remake de un intenso y elogiado thriller de Dinamarca, que probablemente quedará en el olvido.

Matheus Mans   |  
1 octubre, 2021 7:00 AM
- Actualizado 8 octubre, 2021 11:07 AM

Parece que fue hace un siglo, pero sólo ha pasado año y medio desde que Parásitos se llevó el premio máximo del Oscar 2020. Aún no había pandemia, tampoco discusión sobre la “nueva normalidad”. En aquel momento, el debate era otro: ¿será que por fin los estadounidenses aceptarán el cine extranjero? Culpable, que llega a Netflix este 1 de octubre, es la muestra de que ver películas subtituladas en el país norteamericano es una realidad aún distante.

El largometraje exclusivo de Netflix, exhibido en el Festival de Toronto de este año, es remake de una película de Dinamarca, de 2018. Así es: sólo se necesitaron tres años para que El culpable tuviera una versión americanizada. En lugar del protagonista Jakob Cedergren tenemos a Jake Gyllenhaal (Animales nocturnos), con dirección de Antoine Fuqua, de El justiciero.

Además de eso, lo dicho, la película llega a todo el mundo exclusivamente en Netflix. O sea: con mucho mayor alcance instantáneo que la pequeña versión danesa.

Entre películas

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Sin embargo, a pesar de las modificaciones para hacer la película más “estadounidense”, realmente casi nada cambió. En esencia, la historia es la misma: un policía de la central telefónica del 911 recibe una llamada de una mujer desesperada, aparentemente secuestrada por su marido y con sus hijos en peligro. El personaje de Gyllenhaal, entonces, comienza a actuar para salvar a la misteriosa mujer.

Jake Gyllenhaal en 'El culpable'
Jake Gyllenhaal protagoniza Culpable, que llega a Netflix este 1 de octubre (Imagen: Netflix)

Es la misma situación, misma llamada, mismos personajes. Fuqua apenas cambia algunas cosas aquí y allá como el director autoral que intenta ser. Inserta el contexto de los incendios en California, que han asolado al estado todo el año, como un impedimento para que la policía opere bien. Las escenas también son más claras –la versión danesa apuesta por una fotografía más oscura, poniendo más atención al rostro del protagonista–.

Fuqua se arriesga a desviarse de la propuesta inicial del largometraje en construir toda la tensión con puras llamadas telefónicas. Tiene alguna que otra escena que muestra rápidamente algo que está sucediendo fuera de los muros de la central policial. Pero nada más. Tal vez eso hubiera sido distinto en otros tiempos, pues Culpable fue filmada totalmente durante la pandemia, con enormes restricciones de elenco y locaciones.

O sea: es como Secretos de una obsesión y El secreto de sus ojos, o como Oldboy: Días de venganza y Oldboy. Son películas que mantienen el mismo inicio, desarrollo y desenlace, pero son vendidas como algo diferente, principalmente entre el público estadounidense, sólo por estar habladas en inglés, eliminando la necesidad de subtítulos para los angloparlantes. Refilmar sólo por refilmar.

¿Y quién es el culpable?

Obviamente no se puede poner toda la culpa del mundo a los estadounidenses. Incluso en México se han producido algunos remakes, como la comedia Perfectos desconocidos (que viene de la versión original italiana). Pero todo bien, hasta cierto punto. Algunas historias quedan mejor si se adaptan para el gusto de la cultura local, y enriquecerse con visiones diferentes. Pero es difícil entender la necesidad de hacer remakes de todo y hacerlos exactamente iguales, salvo por los actores y el idioma.

Luego de un año y medio de que la producción surcoreana sorprendiera en los Oscar, llevándose el premio principal, poco ha cambiado. La “nueva normalidad” no llegó. El mundo de “cine maravilloso” que aguardaba a los estadounidenses fuera de Hollywood por encima de los “dos centímetros de subtítulos”, a decir de Bong Joon-ho, tampoco apareció. La existencia de Culpable pone de manifiesto la piedra en el camino.

Lo más triste es que Culpable anula a El culpable, una pequeña película danesa, bien dirigida y actuada. No tiene sentido ver las dos. No se complementan ni son visiones distintas de una misma historia, sino que son la misma cosa. La distribución global de Netflix de la nueva película, es prácticamente el entierro de la original, de alcance limitado. Y de nuevo, la mirada se dirige a Estados Unidos.

En vez de mirar hacia nuevas culturas y conocer mejor nuestras sociedades, estamos atrapados en este círculo vicioso. En Estados Unidos, donde hay tanta preferencia explícita por contenidos sin subtítulos y tan poca cultura del cine doblado, prefieren mirarse el ombligo. Se cierran al mundo, casi intolerantes. Y no parece que eso vaya a cambiar pronto, con remakes de producciones como Una ronda más –también danesa– a la vuelta de la esquina.

Publicado originalmente en la versión brasileña de Filmelier News.