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‘El contador de cartas’ y los hombres penitentes de Paul Schrader

Con ‘El contador de cartas’, presentada en el Festival de Cine de Venecia en 2021, Schrader regresa a sus historias de hombres solitarios en busca de la salvación.

Lalo Ortega   |  
25 febrero, 2022 11:18 AM
- Actualizado 9 marzo, 2022 11:33 AM

Un hombre solitario, de pasado turbulento y misterioso, con el hábito de vaciar sus fatídicos pensamientos en un diario, intenta expiar culpas y encontrar redención en un gran propósito elegido. Esta sinopsis es intencionalmente vasta, general. Podría utilizarse para describir a El contador de cartas (The Card Counter) –en carteleras mexicanas desde este 24 de febrero–, pero cualquier persona familiarizada con el trabajo de su director y guionista, Paul Schrader, ya habrá notado el patrón.

Ese mismo esqueleto puede aplicarse a uno de sus trabajos más tempranos: Travis Bickle (Robert DeNiro), el psicótico protagonista de Taxi Driver (cuyo guión Schrader escribió) es otro lobo solitario que encuentra su delirante objetivo misántropo en limpiar el mundo de su decadencia moral (“un día vendrá una lluvia de verdad y se llevará esta escoria de las calles”, dice).

Por citar un ejemplo más reciente, también se le parece Ernst Toller (Ethan Hawke), el atormentado sacerdote de La iglesia de la salvación (First Reformed, con guión y dirección de Schrader) que cae en una espiral de culpa cuando habla con un radicalista ambiental, y este se suicida tiempo después.

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El contador de cartas nos presenta a otro hombre solitario y penitente: William Tell (Oscar Isaac) es un exmilitar que ha pasado varios años en la cárcel, debido a su participación en las torturas de Abu Ghraib. Ahora libre, Tell pasa sus días con un perfil bajo: habiendo aprendido a contar cartas en prisión, va de un casino a otro, ganando lo suficiente para vivir y retirándose de los juegos cuando comienza a llamar la atención.

Su discreta existencia es transformada por dos encuentros: primero conoce a Linda (Tiffany Haddish), una mujer que conecta a inversionistas con jugadores hábiles para generar ganancias. Después coincide con Cirk (Tye Sheridan), un joven cuyo padre sirvió en el ejército bajo el coronel John Gordo (Willem Dafoe), quien salió libre a pesar de su responsabilidad en Abu Ghraib, mientras otros chivos expiatorios, como Tell y el padre de Cirk, asumían la culpa.

El contador de cartas
Linda (Tiffany Haddish) recluta a jugadores de cartas hábiles con patrocinadores que buscan ganar dinero (Crédito: Cine Caníbal)

Después de haber rechazado a Linda, Tell decide aceptar la oferta y jugar para un inversionista. El motivo: ganar suficiente dinero para ayudar a Cirk a enderezar su vida y disuadirlo de su plan de venganza contra Gordo. No se dice explícitamente, pero no hace falta: como buen protagonista de Schrader, Tell también tiene una misión redentora para lavarse el rojo de las manos.

En otras palabras, pues, El contador de cartas podría no parecer lo más novedoso de su director. Eso no es algo necesariamente malo: sus personajes siguen siendo fascinantes, contradictorios y, a veces, un poco anticuados.

El refugio del azar

Resulta casi inaudito que sólo sea hasta ahora que tenemos a un contador de cartas entre los protagonistas de una película de Paul Schrader.

Estos, invariablemente hombres, son personajes dolorosamente conscientes de su insignificancia, de su pequeñez ante ciudades monstruosas (en el caso de Travis Bickle), o ante un Dios indiferente a la autodestrucción humana (en el caso de Ernst Toller).

En El contador de cartas, William Tell vive similarmente oprimido: ha sido utilizado y sacrificado por un sistema político y militar que beneficia a los más poderosos. En prisión, tiene un cambio de pensamiento (simbolizado por la escena del almuerzo), y entonces decide desafiar al poder y tomar lo que quiere.

A partir de entonces, incluso si no juega al blackjack por fama, dinero o gloria, sí lo hace para vivir sin preocuparse. Los juegos son el campo de batalla perfecto para un hombre como él: para el azar, todos son iguales. No es el poder, sino ciertas habilidades concretas (como el intelecto para contar las cartas) lo que determina el resultado.

Tell se propone una existencia tan mundana como libre de compromisos: no se mete con nadie, ni para ayudar ni para beneficiarse. Los patrocinadores o inversionistas eventualmente traen deudas, un “peso” que el guión equipara en boca del protagonista con el “peso moral” de las decisiones que todos tomamos en el pasado.

El contador de cartas
La historia de El contador de cartas inicia con Tell sin compromisos, sólo vive del juego (Crédito: Cine Caníbal)

En otras palabras, Tell quiere desprenderse de cualquier vínculo que lo conduzca hacia esas decisiones y sus consecuencias. Por ello vive sólo y para sí mismo: tomar decisiones que afecten a otros conlleva, tarde o temprano, ese peso moral.

Pero El contador de cartas nos deja ver que el deseo de redención también es demasiado fuerte. Por casualidad, Tell descubre que John Gordo da una conferencia de seguridad en el mismo casino donde está jugando, y es así como tiene el primer encuentro con Cirk, tan fortuito que casi es gratuito. Sin embargo, es el incidente detonante para orillar al personaje hacia su nuevo propósito, con una determinación que, como se verá más tarde, es tan estoica como frágil.

La contradicción de El contador de cartas

Al inicio de la historia, Tell se define a sí mismo como alguien a quien jamás creyó apto para la vida en confinamiento. Una aseveración tan metafórica como paradójica.

El protagonista, como descubrimos pronto en la historia, ya ha sido prisionero dos veces: del sistema militar que lo utilizó sin cuestionar, y de la cárcel en la que literalmente pasó años como consecuencia de sus actos.

Sin embargo, Tell también es, conscientemente o no, prisionero de su honor, de su deseo por redención. Para bien o mal, era auténticamente libre hasta que vio en Cirk una posibilidad de expiación. Sólo basta un paso en falso para que todo caiga por la borda y regresar a la senda de la venganza.

Es una caracterización un tanto simplista si se compara a otros protagonistas de Schrader con el de El contador de cartas. En parte, se debe a que su adversario es tangible y terrenal: un hombre sin escrúpulos responsable por incontables vidas arruinadas en favor de intereses políticos y militares.

En comparación, Bickle parece buscar un propósito moral más grande, a pesar de su perspectiva retorcida por la misantropía. Ni hablar de Toller, quizá el más emblemático ejemplo en su filmografía sobre la pequeñez humana ante la indiferencia divina.

Es decir, la figura del hombre penitente de Paul Schrader pierde algo de su impacto por el carácter de su propósito en El contador de cartas, incluso si, al igual que La iglesia de la salvación hace unos años, la película tiene también una faceta de denuncia política.

El contador de cartas
El peso moral arrastra a Tell de vuelta a la venganza (Crédito: Cine Caníbal)

Sin embargo, ésta se ve diluida en un guión que favorece a la psicología de su protagonista. El resultado es que tanto Tell, como el sistema que le dio origen, son retratados de una forma más simplista de lo que debería ser.

No quiere decir que el viaje del protagonista deje de ser creíble, pero las problemáticas sociales que dan pie a la trama escapan a tales simplificaciones. Podríamos pensar que quizá sea hora de que Schrader explore nuevos temas, pero quizá sea demasiado pedirle peras al olmo. No es realmente necesario: La iglesia de la salvación se estrenó hace menos de cinco años, y es una obra maestra.

Aquí, Schrader prefiere buscar esa frescura en lo formal: el uso del lente ojo de pez en las escenas de flashbacks, algunos acentos humorísticos y una fotografía más móvil y colorida por momentos, hablan de una apertura a la experimentación. Todo lo anterior, incluso, si los créditos iniciales parecen sacados de una película de Hitchcock, y el final es un claro homenaje a Pickpocket (1959), de Robert Bresson.

Y nada de lo anterior quiere decir que El contador de cartas no sea una película que deba verse. Por el contrario, su simplicidad la convierte en un punto de partida bastante accesible para la filmografía de Schrader, y una cosa es cierta: nadie narra como él estas historias de hombres solitarios en busca de redención.

El contador de cartas está disponible en salas de cine mexicanas. Si quieres saber más sobre la película, ver el tráiler y comprar boletos, entra a este enlace.