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‘Lightyear’: Pixar en su faceta más mediocre

La historia de origen de Buzz Lightyear es una de las producciones menos inspiradas del estudio.

Lalo Ortega   |  
16 junio, 2022 11:41 AM
- Actualizado 24 junio, 2022 11:24 AM

“Serán sólo películas originales después de esta”, dijo entusiasmado el productor Mark Nielsen en 2019, cuando Pixar estaba por estrenar Toy Story 4. Pete Docter había tomado las riendas como director creativo del estudio, cerrando una era marcada por una mediocre “secuelitis”: Cars 3, Monsters University, Buscando a Dory y Los Increíbles 2.

Y, en general, ha sido así desde entonces. Claro que hay spin-offs destinados a Disney+ (necesarios para el tan codiciado crecimiento de la base de suscriptores), pero los largometrajes del estudio desde 2019 han sido todos producciones originales. Excepto Lightyear, que Pixar puede intentar justificar con las maromas que quiera.

El largometraje debut del director Angus McLane –que llega a salas de cine mexicanas este 16 de junio– comienza con una leyenda que, en resumidas cuentas, nos dice que estamos por ver la película de la que se enamoró el niño Andy, por lo que pidió un muñeco de Buzz Lightyear para su cumpleaños y puso en marcha los eventos de Toy Story. “Esta es esa película”, termina el texto.

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Una película dentro de una película, pues. La cual es una forma muy enredada de decirnos “¿sabes qué? Olvida lo que dijimos. Ahí te va otro spin-off basado en los personajes con los que creciste”.

Así, en Lightyear conocemos a Buzz –no el juguete sino el personaje de la película dentro de la película (con voz de Chris Evans, no de Tim Allen)–, un guardián espacial que lidera una expedición al planeta Tikana Prime. Ahí, su equipo descubre que todas las formas de vida son hostiles, pero al rehusar ayuda durante el escape, Buzz daña la nave. La expedición, pues, queda varada en el planeta debido a su error.

Para volver a casa, será necesario desarrollar una nueva celda de combustible que permita a la nave alcanzar la hipervelocidad. Sin embargo, durante los vuelos de prueba, Buzz descubre que, lo que para él son minutos en el hiperespacio, son años enteros en el planeta. Con cada prueba fallida, se ve obligado a volver a tierra y ver a su amiga y comandante, Alisha Hawthorne (voz de Uzo Aduba) formar una familia y envejecer.

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Combustible para alcanzar el hiperespacio: el macguffin de Lightyear (Crédito: Disney)

Nuestro protagonista se vuelve, en esencia, un hombre fuera de su tiempo (muy similar al Capitán América, otro personaje de Disney interpretado por Evans), viendo al mundo avanzar sin él.

Sin embargo, cuando una armada de robots invade el planeta y toma control de la colonia humana, Buzz debe unir fuerzas con un grupo de novatos liderado por Izzy (voz de Keke Palmer), la nieta de Alisha, para combatirlos. Todo mientras protege la única celda de combustible que puede llevar a la humanidad de vuelta a casa.

A decir verdad, la premisa de Lightyear debería dar para una película de acción y ciencia ficción entretenida, con una narrativa depurada y que va directo al punto. Sin embargo, parece que el guión de McLane y Jason Headley (Unidos) está más enfocado en justificar su existencia como spin-off, utilizando los clichés más gastados en el manual de Disney y Pixar.

Lightyear sólo abusa de los recursos probados de Disney

Siendo justos, hay puntos muy positivos, y hay que comenzar diciendo que, visualmente, Lightyear es fenomenal, al menos al comienzo. El diseño de los personajes, naves y trajes espaciales se sienten tangibles, con un nivel de detalle que les da vida: hay marcas de uso en las armaduras, desgaste en las naves, texturas casi palpables en las telas. Y ni hablar de las pruebas de vuelo de Buzz en el primer tercio de la película: sin duda, provocaría en Andy el efecto que tuvo en nosotros ver Star Wars por primera vez.

Crítica de 'Lightyear'
Los vuelos espaciales tienen aires de Star Wars, pero son de las mejores partes de la película (Crédito: Disney)

El entorno –y hostiles habitantes– de Tikana Prime son menos inspirados. El planeta es una roca café que se vuelve aburrida de mirar después de un tiempo. Y hay algunos bichos genéricos aquí y allá, de diseño poco memorable, que sólo existen para que Buzz y compañía hagan sus cosas de guardianes espaciales.

El arco narrativo del protagonista funciona, incluso si no es lo más fascinante. Buzz es presentado como el héroe inquebrantable y noble, fiel a  los protocolos y que siempre toma su responsabilidad en sus manos, a tal grado que esto se vuelve su gran defecto (informando, de paso, la personalidad de su versión de juguete). El tema central de Lightyear es, en esencia, el aprender a pedir ayuda y a hacernos responsables por nuestros errores.

El primer problema es que, para lograr ese desarrollo, la mayoría de los personajes alrededor de Buzz resultan superfluos. Está Izzy como espejo del ímpetu y la imperfección que Buzz debe aprender a abrazar. Pero los otros dos reclutas, Mo Morrison y Dary Steel (voces en inglés de Taika Waititi y Dale Soules, respectivamente), están ahí para crear los momentos cómicos obligados que, en este caso, entorpecen el ritmo narrativo más que aportar algo. Son remedos sin sustancia de Mike y Sully, Timón y Pumba.

Y luego está el gatito robot Sox (voz de Peter Sohn), la mascota evidentemente diseñada por el departamento de mercadotecnia para vender juguetes de la película. Sus momentos humorísticos son de lo mejor en ella, pero el personaje también es representativo de lo que está mal con las producciones menos originales de Disney y Pixar. Vaya, el animalito tierno y chistoso es algo que hemos visto ya demasiadas veces.

En Lightyear, Sox es uno de los tantos síntomas de una compañía que sigue apostando a lo seguro. Llámese como quiera, esta película “original” no es otra cosa que una entrega más de Toy Story, con alusiones a películas mejores para tratar de legitimarse (casi puede escucharse a los creativos decir “estamos haciendo una película de ciencia ficción seria, ponle referencias a 2001: Odisea del espacio”).

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Quizá exceptuando al propio Buzz, ninguno de estos personajes es particularmente interesante (Crédito: Disney)

La película, pues, pierde demasiado tiempo con guiños, referencias y chistes que resultan superfluos, resultando en una narrativa que carece del gran ingrediente que distingue a las mejores producciones de Pixar: la emoción. Hasta el gran momento climático es predecible: basta con ver lo que le falta a la armadura de este Buzz, para verlo venir a kilómetros.

Lo que da pie para cuestionar: ¿para quién, exactamente, está pensada Lightyear? Las referencias y el diseño de producción sugieren que para un público más adulto, quienes conocimos a Buzz en 1995. Pero no hay suficiente sustancia aquí. ¿O la idea era introducir al personaje a una nueva generación? De ser el caso, cualquier entrega previa de Toy Story es bastante más emocionante (la última salió hace apenas tres años), pero se entiende por qué los niños pequeños, como Andy, podrían sentirse fascinados por ella.

Tampoco es que sea un bodrio infumable (este verano, la acreedora indiscutible de esa dudosa distinción es Jurassic World: Dominio). Resulta medianamente entretenida, aunque sí merece un calificativo impropio del estudio: mediocre.

Por ello, Lightyear hubiera sido más apropiada para un estreno directo en Disney+, como sucedió (paradójicamente) con las muy superiores Luca y Red, las dos producciones más recientes del estudio. Falta sólo mes y medio para que la película llegue a la plataforma de streaming de Mickey Mouse: lo dejamos como un tip para quienes prefieran invertir su tiempo y dinero para el cine en algo mejor.

Lightyear ya está en salas de cine mexicanas. Si quieres saber más sobre la película, ver el tráiler o comprar boletos, entra a este enlace.