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‘Batman’ es la antorcha que ilumina la oscuridad del mundo

La película, con funciones en México a partir del 2 de marzo, resignifica a Batman en un momento en el que es necesario pensar en cómo nuestras acciones inspiran a otros.

1 marzo, 2022 12:05 PM
- Actualizado 10 marzo, 2022 9:42 AM

Batman es un personaje muy grande, un diamante multifacético con el que se puede hacer cualquier cosa y lograr que funcione”, dijo el famoso guionista Frank Miller en un panel sobre los 75 años del personaje de los cómics, realizado en la San Diego Comic-Con de 2014. “Puedes hacer comedia, hacer programas de TV estilo camp, puedes hacer la versión más sombría posible… es como ese diamante. Lo puedes arrojar contra las paredes, lanzarlo contra el techo y no se va a quebrar. Todo funciona”.

“Esta semana –con funciones a partir del 2 de marzo– llega a salas de cine de México la más reciente lapidación de ese diamante. Batman (o The Batman, su título original) es la visión del director Matt Reeves (El planeta de los simios: La guerra) para ese personaje hoy octogenario, pero que sigue fascinando y moviendo a sinfín de personas en todo el mundo.

Vaya, ¿quién no conoce a Batman?

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Incluso por eso, lidiar con el diamante descrito por Frank Miller es un enorme desafío. Víctima de la máquina avasalladora de la industria del entretenimiento, el Caballero de la noche no tiene permitido descansar. Sólo en cines, el héroe ya tuvo otras dos versiones en los últimos 16 años.

¿Qué hacer de novedoso? ¿Será que hay algo diferente que sacarle a esta joya? ¿Algo reconocible para todos, pero que al mismo tiempo tenga algo de frescura?

La respuesta es corta: Matt Reeves lo consiguió al entregar un largometraje sustancialmente diferente de los otros para justificar su existencia, mientras honra todo el legado del personaje de DC Comics.

Pero hay más que eso: quizá haya creado al Hombre Murciélago que necesitamos en este momento sombrío de la humanidad.

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Batman, en la tercera adaptación del personaje en alrededor de 15 años, logra traer algo novedoso al ya desgastado segmento de cine de superhéroes (Crédito: Warner Bros.)

Para comenzar, el cineasta no tiene temor de las decisiones polémicas. Con apoyo de los ejecutivos de Warner Bros., eligió a Robert Pattinson para el papel titular. El inglés es, sin duda alguna, uno de los actores más completos de su generación, con una profundidad dramática que puede ser equilibrada con el rigor necesario para sembrar miedo en los corazones supersticiosos de los criminales de Ciudad Gotham.

Sin embargo, Pattinson tiene su “pasado sombrío”, en la visión de muchos: haber interpretado al vampiro Edward Cullen en la saga de Crepúsculo. Único y breve comentario sobre el asunto: ya supérenlo.

La elección del actor principal es el punto de partida para este abordaje diferente de la mitología del héroe. Esta película no intenta ser una historia de origen, aquella que ya vimos en la excelente Batman Inicia. En Batman, conocemos al justiciero encapuchado ya con dos años de experiencia vigilando las calles y callejones de Gotham.

La secuencia inicial –una de las mejores de la película– ayuda a definir la atmósfera para el resto de la producción, colocando al héroe como alguien cansado y que se cuestiona si realmente está haciendo una diferencia en la ciudad. Hay miedo entre los criminales, pero quienes más temen son los más pequeños, los de las calles, que también son víctimas de todo el sistema.

Los poderosos continúan en sus torres, sus clubes, con sus manipulaciones, dinero y conspiraciones.

Echando mano de nuevas referencias

Con eso, la historia toma forma a partir de grandes inspiraciones de los cómics del personaje. Hay dos que son las más relevantes.

La primera es El largo Halloween (The Long Halloween), arco narrativo de los cómics publicado en 13 partes entre 1996 y 1997. En la trama, firmada por Jeph Loeb (quien luego llegaría a encabezar Marvel Television) y Tim Sale, seguimos precisamente el segundo año en la carrera de Batman, dando seguimiento a los eventos de Batman: Año uno (la clásica historia de Frank Miller).

Del cómic, Reeves y el guionista Peter Craig toman prestada la trama con la mafia de Gotham, y de la relación corrupta entre el crimen y el poder –todo mientras sucede una serie de asesinatos–.

Otra clara inspiración es Batman: Año dos, escrita por Mike W. Barr y firmada por varios artistas, publicada en 1987. Siendo también una continuación de Año uno, la trama explora cómo el fantasma de la muerte de sus padres todavía acechan a Bruce Wayne, mientras un justiciero surge en Gotham para hacer justicia –sanguinaria– con sus propias manos.

Hay todavía otras referencias –como la propia Año uno y la fase del guionista Scott Snyder y del artista Greg Capullo en las publicaciones más recientes de DC–, ya sea en la presentación del héroe en sí, como en elementos que podrían ser abordados en futuras continuaciones.

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Con un desarrollo “a fuego lento”, Batman narra una intrincada investigación criminal que recuerda a Barrio Chino de Roman Polanski y a Se7en: Los siete pecados capitales, de David Fincher (Crédito: Warner Bros.)

En el caldero de Reeves, todo eso se mezcla en una historia centrada en el Acertijo –con una interpretación increíble de Paul Dano (Petróleo sangriento). Desde las sombras, el villano comienza a perpetuar una serie de crímenes contra grandes autoridades de Gotham, y manipula a Batman para caer en su juego.

Así, se desarrolla una película “a fuego lento”. Con clara inspiración en los dramas procedimentales (como CSI y La ley y el orden), además de películas de los años 70 como Contacto en Francia (The French Connection) y Barrio Chino (Chinatown) y recordando al trabajo del director David Fincher (Zodiaco, Se7en: Los siete pecados capitales), la investigación se desarrolla frente a los ojos del espectador mientras Batman, James Gordon y Alfred se empeñan en las pistas dejadas por el Acertijo.

De esa forma, no tenemos una película de acción convencional como podría esperarse. Olvidémonos, por ejemplo, del Batman de Christopher Nolan y su Trilogía del Caballero de la noche. El peso del héroe está en su presencia, en su voz, su andar, su mirada. Reeves sabe poner a buen uso su as bajo la manga: un buen actor debajo de la máscara.

Es por eso que, aquí, tenemos al Batman más detectivesco hasta ahora en los cines –y puede que aún no haga justifica al personaje que conocemos de los cómics de los años 70, principalmente la fase de Dennis O’Neil y Neal Adams (y que recibió el título de “Detective” del mayor villano de esa época, Ra’s al Ghul). Sin embargo, es emocionante ver al personaje rompiéndose la cabeza, empeñado en solucionar un misterio tan grande.

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En Batman, Reeves brinda una interpretación muy distinta del Batimóvil en relación a las películas de Christopher Nolan, pero aún así es memorable (Crédito: Warner Bros.)

Eso no quiere decir que no haya escenas de acción. De hecho, el que sean menos en cantidad, hace memorables a las que hay. Cine con “C” mayúscula –que puede hasta sonar pretencioso, pero todo se vale con Batman–.

Destaca la secuencia del Batimóvil, que es guardado como as bajo la manga para una escena, definitivamente, quedará para la iconografía del Hombre Murciélago.

La gata, el murciélago y la ciudad

Al tratarse de una película a “fuego lento”, las actuaciones tienen que ir por todo. Y eso es lo que sucede aquí.

A estas alturas, ya se sabe que el Caballero de la noche sólo es tan grande como aquellos con quienes comparte escena. Además del gran Acertijo de Dano, este Batman toma forma con las grandes actuaciones de Jeffrey Wright como James Gordon, John Turturro como el mafioso Carmine Falcone, Colin Farrell irreconocible como Oswald Cobblepot (el Pingüino) y Andy Serkis como un Alfred extremadamente relacionable.

Con un elenco tan fuerte y con peso dramático, Reeves no teme llevar más lejos conceptos ya desgastados del personaje. La relación entre Alfred y Bruce Wayne finalmente es más profunda, por ejemplo, mientras que el fantasma de la muerte de los padres finalmente es superado, aunque parcialmente.

Zoë Kravitz merece un párrafo sólo para ella, pues la actriz roba escena como Selina Kyle. Y digamos que no eran zapatos fáciles de llenar: la villana y antiheroína ya tuvo dos versiones icónicas, con actuaciones de Michelle Pfeiffer y Anne Hathaway. Sin embargo, como sucede con el personaje principal, Reeves busca otras referencias para ella: aquí hay claras inspiraciones no sólo de Año uno y de El largo Halloween, sino también de la Gatúbela iniciada en los cómics de principios de los años 2000, por Ed Brubaker y Dawyn Cooke.

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La química entre el Batman de Pattinson y la Gatúbela de Kravitz es uno de los aciertos de la película (Crédito: Warner Bros.)

Todo lo anterior es envuelto por un diseño de producción (de Grant Armstrong, Los miserables), una dirección de arte (supervisada por James Chunlund, de Réquiem por un sueño) y la fotografía (de Greg Fraser, Duna) que elevan todavía más el concepto de “gótico” de Gotham City, con un tono distinto al de la versión de Nolan, por ejemplo.

Si antes eran calles, áreas públicas y vecindarios retratados como decadentes, en Batman la decrepitud también está en la exageración gótica y en la falta de gusto de la élite, acompañada por capas de polvo típicas de quienes todavía viven de las glorias del pasado.

La banda sonora de Michael Giacchino cierra esa búsqueda por la frescura en medio de las tinieblas, con nuevos acordes y movimientos dentro de la mitología del héroe. El tema principal de la película, esparcido por sus casi tres horas de duración, refleja esa idea de “fuego lento”, con melodías que intentan, a la vez, transmitir miedo, suspenso y esperanza.

¿El Batman que necesitábamos?

Es difícil decir que, al cumplirse dos años de pandemia y con una guerra desarrollándose en Europa, un héroe que viste de negro y transmite miedo, con inspiraciones sombrías y hasta fascistas; pueda ser lo que necesitamos en el mundo ahora. Sin embargo, es aquí donde Reeves más sorprende con su relato.

El cineasta, si recordamos bien, ya ha mezclado mensajes importantes –y hasta políticos– en su trabajo antes, principalmente en la franquicia de El planeta de los simios. En Batman, el neoyorquino logra eso nuevamente, aunque de forma mucho más sutil.

De esa manera, comenzamos la historia de este nuevo Caballero de la noche claramente enfrentándose a la base de la pirámide criminal. El Acertijo entonces surge, no como agente del caos (lo que fue el Guasón en El caballero de la noche), sino como responsable por cambiar la perspectiva del héroe.

Aunque de forma retorcida, el villano de Paul Dano nos hace cuestionar la estructura de poder de la sociedad, de cómo la mayoría de las personas somos marionetas de un sistema mucho más grande.

Peor aún: el antagonista también nos hace percibir que existe un mensaje más grande del que imaginamos. Es importante decir algo, pero tampoco tenemos control de cómo ese mensaje irá a resonar en otros. Al sembrar dolor y venganza, como hace Batman, ¿qué es lo que vamos a cosechar?

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En más de una ocasión, el Batman de Pattinson es enfrentado por el mensaje que transmite al mundo (Crédito: Warner Bros.)

“[Planteamos que] la noción de lo que es proyectar una imagen de venganza –esta idea de ser un justiciero enmascarado en la ciudad– podría tener efectos inesperados. Y [Batman] está intentando descubrir por qué, luego de dos años de eso, la criminalidad no decae. Y no se le ocurre que él podría ser, por lo menos, una parte de eso. Eso absolutamente salió de los cómics”, explicó Reeves en la conferencia por el estreno de la película.

Es más, el Acertijo en la visión de Reeves representa –y mucho– lo que vemos hoy esparcido por el mundo y por internet: los trolls, los incels y las toxicidades. La angustia del villano, de la invisibilidad de parte de la sociedad, también puede ser aplicada a diversos contextos, incluso a lo que ocurre en Ucrania y en las otras guerras del mundo.

Hay muchas más metáforas en el guión de lo que se puede ver en un primer instante. Por eso, hay que reflexionar sobre la película más de una vez después de verla.

A partir de eso, Batman resignifica al Caballero de la noche. Ya en su último acto, es el héroe quien toma la antorcha e ilumina –aunque con luz roja, caliente pero sombría– el camino, extendiendo la mano. Esa escena es de una belleza sin par, no sólo por su fotografía, sino por lo que dicen sus imágenes.

En este nuevo mundo que cambia cada día, no necesitamos de quienes dan golpes primero y preguntan después, de quien mata sin escrúpulos, de quienes juzgan al prójimo sin entender quiénes son o lo que han vivido, de quienes marcan a los criminales para que mueran en prisión.

Necesitamos de antorchas en la oscuridad. Necesitamos inspiración. Necesitamos esperanza. Necesitamos, sorprendentemente, del Batman de Robert Pattinson.

Estoy seguro de que ni Frank Miller vio venir eso.

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Publicado originalmente en la edición brasileña de Filmelier News.