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‘Cómo me hice gánster’, de Netflix, es una película polaca banal y agotadora

‘Cómo me hice gánster’ parece mezclar varias influencias del cine de crimen, pero sin entender la esencia de esas historias

Matheus Mans   |  
4 enero, 2023 6:00 PM

Larga, agotadora, genérica, olvidable. Son varios los adjetivos, casi ninguno de ellos halagador, que sirven para hablar sobre Cómo me hice gánster, película ya disponible para ver en Netflix. Esta producción polaca es, en esencia, exactamente lo que el título adelanta: la historia de cómo un tipo se volvió un prominente mafioso.

Dirigida por Maciej Kawulski (de la también mediocre Cómo me enamoré de un gánster), la película tropieza en tres pilares cruciales: la obviedad de su trama, un apartado visual pobre y una dificultad en comprender exactamente cómo lidiar con una historia de gánsteres.

Cómo me hice gánster: la banalidad de una historia

Pero vamos por partes. Comencemos por el primer punto: el viaje del gánster (Marcin Kowalczyk) no podería ser más trivial. El guión, escrito por Krzysztof Gureczny, nunca desafía al espectador ni busca mostrar cómo la historia de un gánster puede ir más allá de lo obvio.

Cómo me hice gánster, de Netflix
Marcin Kowalczyk es un gánster que atraviesa por un viaje de transformación en la mafia polaca (Crédito: Netflix)

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La narración del propio Kowalczyk resalta siempre lo obvio y prácticamente no para nunca. En vez de mostrar las emociones del personaje con acciones, todo es resumido a lo que narra. Muchos diálogos son dispensables. Él mismo dice que sus padres piensan que trabaja en un taller y, poco después, el padre le dice que tiene que dejar ese trabajo.

O sea: no hacía falta tener la narración, la explicación. Cuando el padre habla de tal taller, el espectador que esté prestando un mínimo de atención a la trama sabrá que eso no es verdad y, por su cuenta, puede entender lo que está sucediendo: que el hijo miente sobre su “profesión” de gánster. Parece que falta edición.

El apartado visual tampoco podría ser más obvio. Tomando clara inspiración del estilo de Guy Ritchie (Snatch: Cerdos y diamantes), Kawulski intenta transformarlo todo en una película graciosa, desenfadada. Pero no funciona: sólo parece una mezcolanza de ideas que, sin vida, no hacen más que aburrir.

Falta de originalidad

Lo peor, sin embargo, es la falta de originalidad en el producto final. Da la sensación de que Kawulski vi las mejores películas sobre gánsteres y la mafia (Caracortada, Los intocables, Buenos muchachos, Casino, Los infiltrados), puso todo en una licuadora y el resultado son las más de dos horas de película que tenemos aquí en Netflix.

El problema con eso, más allá de lo genérica que ya es Cómo me hice gánster, es que Kowalski no parece haber entendido esas historias tan bien como cree. El personaje principal, a pesar de ser mafioso, es frecuentemente tratado como si fuese un héroe de la vida real, salvando a Polonia de los bandidos. Sirve a su patria, incluso. Vamos, que no mata a niños y mujeres, ¿verdad?

Llega a ser risible ese intento de hacer que nosotros, los espectadores, compremos los deseos y acciones del protagonista, que no crea vínculos sinceros con el público –al contrario del matón Walden (Tomasz Wlosok), el personaje más humano y auténtico de la trama. Del resto, poco se salva. Otra película olvidable más que llega a Netflix.

Publicado originalmente en la edición brasileña de Filmelier News.