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‘Obi-Wan Kenobi’ arrastra el mayor problema de las franquicias cinematográficas

La miniserie ‘Obi-Wan Kenobi’, de Disney+, ilustra la indisposición de los grandes estudios –y de los fans de sus franquicias– por avanzar y crear algo nuevo.

Lalo Ortega   |  
23 junio, 2022 2:58 PM
- Actualizado 24 junio, 2022 11:23 AM

Un veterano maestro Jedi, desilusionado por la caída de su aprendiz al lado oscuro, decide exiliarse en un planeta remoto. Hastiado, hace a un lado la Fuerza y se aleja de todos los conflictos de la galaxia, hasta que el deber lo alcanza y debe reconciliarse con su propósito.

Para quienes siguen a la franquicia de Star Wars, este arco narrativo describe perfectamente a Obi-Wan Kenobi, la miniserie de Disney+ estrenada el pasado mayo, que expande la historia del maestro Jedi homónimo (Ewan McGregor) en el interludio entre el tercer y cuarto episodio de la saga, La venganza de los Sith y Una nueva esperanza.

Es decir: ante la caída al lado oscuro de su aprendiz, Anakin Skywalker (Hayden Christensen), y su posterior conversión al Lord Sith Darth Vader, Kenobi se exilia en Tatooine. Ahí, mientras vigila el pequeño Luke Skywalker (Grant Freely), el maestro Jedi mantiene un perfil bajo como un vil obrero que no se mete en problemas. Pero cuando aparece Bail Organa (Jimmy Smits) para pedir su ayuda, Kenobi debe volver a portar su sable de luz.

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Esa premisa, sin embargo, se parece mucho a otra que ya vimos en el universo de Star Wars durante la era Disney. El despertar de la Fuerza, el séptimo episodio de la saga (y primero de la “trilogía de secuelas”), sigue a un grupo de nuevos personajes en búsqueda de Luke Skywalker (Mark Hamill).

El legendario maestro Jedi se ha exiliado en el remoto planeta de Ahch-To, donde se mantiene alejado de los conflictos de la galaxia y ha renunciado a la Fuerza. La razón: la caída de su sobrino y aprendiz, Ben Solo (Adam Driver) al lado oscuro, convirtiéndose en Kylo Ren. Del mismo modo, cuando el pasado toca a su puerta en Los últimos Jedi, Skywalker debe reconciliarse con él.

¿Falta de originalidad? Puede ser, aunque la repetición parece ser la máxima de Star Wars como franquicia desde su concepción (“es como poesía”, decía su creador, George Lucas, porque “rima”). Siempre ha sido, y será, un relato sobre la lucha cíclica entre el bien y el mal a través de las eras.

Obi-Wan Kenobi en Star Wars
“Cuando te dejé no era más que el aprendiz, pero ahora soy el maestro”, dijo Darth Vader a Obi-Wan Kenobi en el que era su reencuentro original (Crédito: Disney)

Sin embargo, eso no quiere decir que no deba haber espacio para otras ideas, historias, o por lo menos otros personajes. Pero con Obi-Wan Kenobi, Lucasfilm y Disney ilustran la incapacidad (¿o será pura indisposición?) por explorar nuevos rumbos con sus franquicias y, por extensión, reflejando la tendencia de los grandes estudios de optar por el mínimo esfuerzo para los mayores dividendos.

Spoilers de Obi-Wan Kenobi a continuación.

El amor hipócrita por el canon

Hay, sin embargo, dos diferencias cruciales entre los arcos narrativos de Obi-Wan en la serie, y de Luke Skywalker en Los últimos Jedi. Diferencias que encapsulan la aversión de las franquicias –y sus fans– por algo que se parezca remotamente a la innovación.

La primera, es que la historia de Kenobi tiene un principio y un final predestinados: al ser un puente entre la “trilogía de precuelas” y la “trilogía original”, todos sabemos cómo es que tiene que terminar la historia: el protagonista debe sobrevivir, pues tiene que convertirse en el maestro Jedi veterano y sereno que entrenará a Luke una década después.

Sin embargo, el viejo Luke Skywalker se estaba adentrando en territorios inexplorados cuando se estrenó Los últimos Jedi, segundo episodio en una trilogía totalmente nueva, independientemente de historias posteriores. El futuro era una hoja en blanco, terreno fértil para llevar a Star Wars en direcciones totalmente nuevas.

Y eso fue lo que intentó el director Rian Johnson, lo que nos lleva a la segunda diferencia: la recepción de ambas historias por parte de los fans. A su conclusión este 22 de junio, Obi-Wan Kenobi ha recibido aclamo casi universal de los warsies, con calificativos como “lo mejor de Star Wars”, y peticiones de una segunda temporada.

La respuesta para Los últimos Jedi fue, en el mejor de los casos, dividida. Los fans más asiduos –y el propio Hamill– rechazaron la dirección en que Lucasfilm llevó al personaje de Luke, una sombra del benévolo y optimista caballero Jedi de la trilogía original.

Star Wars: Los últimos Jedi
La caída y redención de Luke Skywalker es uno de los mejores elementos de Los últimos Jedi (Crédito: Disney)

La decisión de acabar con la Orden Jedi para siempre tampoco sentó bien con los warsies, forzando al estudio a retractar sus planes para el Episodio IX con la dirección de Colin Trevorrow (titulado Duel of the Fates, según el guión filtrado), y traer de vuelta a J.J. Abrams para “corregir el curso” con lo que acabaría siendo El ascenso de Skywalker.

Más allá del tema de Luke y los Jedi, Los últimos Jedi tiene, objetivamente, bastantes problemas de guión. Sin embargo, a pesar de ellos, podíamos reconocer sus ambiciones narrativas para el universo de la franquicia, que abrían la puerta para desprender la historia del nombre Skywalker, y llevar los conceptos de la Fuerza más allá de la dicotomía Jedi/Sith, luz/oscuridad.

Todos sabemos en qué acabó eso: la negativa de los fans se tradujo en una justificación tan endeble para resucitar al Emperador Palpatine en el Episodio IX, que se ha convertido en meme. Después de ver varias subtramas desechadas en favor de un maratón de fanservice, todos contentos con que la heroína, Rey (Daisy Ridley), termine la historia dando continuidad a la Orden Jedi, incluso adoptando el nombre de Skywalker. La mesa está puesta para la siguiente trilogía.

Cuando El ascenso de Skywalker no nos contaba la misma historia de siempre, incluía incontables guiños a otros capítulos de la franquicia para exprimir hasta la última gota al fruto aparentemente inacabable de la nostalgia, cultivado a lo largo de casi cinco décadas. Obi-Wan Kenobi hace la misma cosa, y lo hace cometiendo el sacrilegio de contaminar el tan preciado canon de la saga.

Porque también hay que decirlo: sin importar las maromas y justificaciones, el hecho de que Obi-Wan y Vader se vuelvan a encontrar durante los acontecimientos de la serie, así como que el maestro Jedi forme amistad con una pequeñísima Leia Organa (Vivien Lyra Blair), rompe totalmente con los eventos de Una nueva esperanza, el sagrado Viejo Testamento de la franquicia. En ella, Leia (Carrie Fisher) se dirige a Obi-Wan como un desconocido, y el Lord Sith se reencuentra con su viejo maestro por primera vez desde el fatídico duelo en Mustafar.

Obi-Wan Kenobi
El duelo entre Darth Vader y Obi-Wan Kenobi no debió suceder más de una vez (Crédito: Disney)

En cambio, cuando el público conoció al Luke desilusionado y roto de Los últimos Jedi, los reclamos iban en la línea de “ese no es Luke Skywalker”. Los fans ya tenían una idea preconcebida (en buena medida gracias a novelas y cómics del Universo Expandido, borrados del canon cuando Disney adquirió Lucasfilm en 2012), y cualquier cosa que se desviara de ese concepto era una total afrenta contra sus expectativas. Ese fue uno de los múltiples motivos por los que la película fue bombardeada con reseñas negativas en Rotten Tomatoes.

¿Por qué, pues, la permisividad tan selectiva con ciertos elementos del canon? Quizá se deba a que Obi-Wan Kenobi no desafía al público. Como niños que prefieren escuchar la misma historia una y otra vez porque les hace sentir cómodos y seguros, la más reciente producción de Lucasfilm no propone nada nuevo. No hay peligro, y todos sabemos en qué acabará la historia, esa con la que crecimos y que no somos capaces de superar.

Obi-Wan Kenobi: el afán por volver a Tatooine y a los Skywalker

Ese rechazo a la innovación, lamentablemente, ha sido sintomático de toda la “era Disney” de la franquicia Star Wars, quizá con las únicas excepciones de Rogue One: Una historia de Star Wars y la serie The Mandalorian. Y eso, sólo a veces.

La trilogía de precuelas entera, y todas las series de Star Wars lanzadas por Disney+ hasta el momento, regresan de una u otra forma a los mismos personajes clásicos. Han Solo puso a Alden Ehrenreich en la piel del contrabandista inmortalizado por Harrison Ford, y la trilogía de secuelas entera vive y muere por la trilogía original.

Rogue One
Rogue One es un caso satisfactorio de fanservice, porque realmente no se trata de Darth Vader (Crédito: Disney)

Incluso si The Mandalorian se desprende de las luchas entre Jedi y Sith, acaba volviendo a ellas: como si no hubiera una galaxia literal de otros planetas y personajes, buena parte de la trama se desarrolla en Tatooine y acaba por traer de vuelta a rostros clásicos como Boba Fett (Temuera Robinson) y el propio Luke Skywalker en versión digitalmente rejuvenecida. Hasta la mascota de la serie, Grogu, fue diseñada para ser la versión más tierna de un personaje clásico (vamos, ¿quién no lo llama simplemente “Baby Yoda”?).

¿Esto significa que Star Wars está perdida y que Obi-Wan Kenobi es el último clavo en el ataúd de la franquicia? Difícilmente. Incluso con su rechazo abyecto a la innovación, la saga tiene múltiples producciones animadas y en live action en proceso, y seguramente vendrán más.

Hay, de hecho, una nueva esperanza (ja). Taika Waititi (Thor: Ragnarok), el próximo cineasta al bate en la franquicia, ha expresado su deseo por llevar la historia en direcciones totalmente nuevas, lejos de las referencias gratuitas y vacías. “No creo que sirva de nada en el universo de Star Wars hacer una película en la que todos digan: ‘Oh, genial, esos son los planos del Halcón Milenario, ah, esa es la abuela de Chewbacca”.

The Mandalorian
The Mandalorian presenta una historia nueva, pero no sirve de mucho si nos regresa a los mismos personajes (Crédito: Disney)

Si eso se lo permitirá Lucasfilm bajo la dirección de Kathleen Kennedy, está por verse. Mientras tanto, nuestra cultura popular tanto en la pequeña como en la gran pantalla, parece estar atascada en un ciclo de reciclaje sin fin de ideas y franquicias, donde basta incluir un par de guiños baratos, en vez de una historia interesante y bien escrita, para complacer a los fans.

Obi-Wan Kenobi es sólo el más reciente exponente de esa mentalidad en la industria. Tenemos nuestro saludo de “hello there!” al final, pero la poesía de George Lucas está hueca.