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‘La tragedia de Macbeth’ absorbe el expresionismo alemán para elevar a Shakespeare

Denzel Washington y Frances McDormand interpretan a los protagonistas de ‘La tragedia de Macbeth’, película que acaba de llegar a Apple TV+ y que amplía la fuerza de la obra de William Shakespeare.

Matheus Mans   |  
18 enero, 2022 10:50 AM
- Actualizado 25 enero, 2022 10:57 AM

Fue por allá de los años 1600 que William Shakespeare escribió la tragedia de Macbeth. Pensada para los escenarios ingleses del siglo XVII, cuando el Barroco dominaba las artes, el texto cuenta la historia de Lord Macbeth, un general que encuentra tres brujas en su camino. Pero nada de hechizos: lo que nace de ese encuentro es una visión grandiosa.

Según ellas, Macbeth se convertirá en Rey de Escocia. ¿Cómo? Nadie sabe, menos el protagonista. Es ahí que comienza su locura, e incitado por ideas de su esposa, Lady Macbeth, él comienza a tener pensamientos de muerte, asesinato y traición. Todo para hacer que las premoniciones de las brujas se cumplan y él, al fin, se vuelva rey.

La historia, que es la más corta del autor de otras obras como Hamlet y Romeo y Julieta, se volvió un fenómeno. Aún siendo considerada maldita por muchos en el mundo teatral anglófono (y por ello tildada solamente de “la obra escocesa”), Macbeth ha tenido decenas de adaptaciones en teatro y, a partir del siglo XX, en las pantallas de cine.

Rodaje de 'La tragedia de Macbeth'
En el rodaje de La tragedia de Macbeth, Joel Coen colabora con un elenco estelar y el fotógrafo Bruno Delbonnel (Crédito: Apple)

Ha sido interpretada por nombres como el italiano Mario Caserini (1908), el austriaco Richard Oswald (1921), el estadounidense Orson Welles (1948), el japonés Akira Kurosawa (1957), el polaco Roman Polanski (1971) y el australiano Justin Kurzel (2015). Pero pocos han tenido el éxito de Joel Coen.

La tragedia de Macbeth, al fin y al cabo

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Conocido por sus trabajos junto a su hermano Ethan Coen, como Fargo y Temple de acero, Joel asumió la tarea de hacer una nueva adaptación. No sólo se trataba de una empresa solitaria, sino que Joel necesitaba hacer que La tragedia de Macbeth, estreno de la última semana en Apple TV+, sonase como algo original. ¿Cómo competir contra Welles y Kurosawa?

La primera solución fue no adaptar el texto de Shakespeare. Hay algunos retoques aquí y allá, pero lo rebuscado de la obra teatral de 1600 está ahí –no por nada, el comienzo de la película es complicado–. Además de eso, otra decisión recuerda un poco a lo que Welles hizo con su Macbeth: un elenco poco obvio y original.

Denzel Washington es, a final de cuentas, un hombre negro y más viejo como para encajar en una Escocia de la Edad Media o en el rol protagónico. Lo mismo va para la esposa de éste, interpretada aquí por Frances McDormand, que trae una carga más emocional al personaje.

Pero es lo visual lo que cambia todo

Todo bien hasta aquí: el elenco está muy por encima de la media, con actuaciones dignas de Oscar y una dirección firme por parte de Joel Coen. Pero nada se compara al apartado visual de la película, en términos de diseño de producción y fotografía. Filmada en blanco y negro, con formato estándar (1.37:1, ese casi cuadrado conocido como Academy Ratio, común en el cine hasta los años 50), lo visual tiene bastante que decir.

Además de su clara inspiración en el cine de Ingmar Bergman, principalmente en el aspecto de la Bruja que recuerda a la Muerte en el Séptimo Sello, la película parece una calca del estilo expresionista alemán. Con clásicos como Nosferatu y Metrópolis, las películas de dicho movimiento presentaban escenarios angulares y grandiosos, que mostraban la pequeñez del ser humano.

Frances McDormand en 'La tragedia de Macbeth'
Frances McDormand brinda poder y verdad al personaje de Lady Macbeth (Crédito: Apple)

Es una estética que encaja a la perfección con la idea general de La tragedia de Macbeth. Más que hablar sobre la historia de la locura de un hombre, el texto de Shakespeare habla sobre las angustias de la existencia humana. El protagonista vive desesperado por poder y, principalmente, por saber sobre lo que puede traer el futuro. Esa es la visión que lo atormenta.

La estética angular, con portales grandiosos y escaleras monumentales, disminuyen al personaje dentro del escenario. En pantalla, el formato cuadrado también “aprieta” a los personajes dentro de la historia, un caldero en ebullición. Welles, Kurosawa y Polanski lo hicieron bien con sus versiones, pero Coen dio en el clavo con la estética.

Se antoja difícil, ahora, pensar en nuevas adaptaciones de Macbeth. El expresionismo alemán, las actuaciones, la fotografía y el diseño de producción consolidan a la película como una unión casi perfecta de teatro y cine, en la que las dos artes conversan y se entienden. En pleno siglo XXI, Shakespeare ha sido elevado por Denzel, Frances, Coen y Delbonnel.

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Publicado originalmente en la edición brasileña de Filmelier News.