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‘La mujer en la ventana’, reflejo de un libro y una producción complicados

Protagonizado por Amy Adams, el largometraje exclusivo de Netflix, ‘La mujer en la ventana’, mantiene una aprobación del 26% en Rotten Tomatoes.

Matheus Mans   |  
18 mayo, 2021 12:46 PM

Después de una historia detrás de cámaras que daría para otra película, La mujer en la ventana finalmente llegó al catálogo de Netflix el pasado viernes 14 de mayo. Sin embargo, el resultado no parecer haber agradado ni al público ni a la crítica. En Rotten Tomatoes, la película protagonizada por Amy Adams mantiene una pobre aprobación del 29%. En IMDb, la nota no pasa del 5.8.

Es un resultado muy pequeño para una película que parece tan impresionante en la superficie. En la dirección está Joe Wright, de Orgullo y prejuicio y Las horas más oscuras. El elenco cuenta con un trío que ya desearía cualquier gran productor hollywoodense: Amy Adams (Animales nocturnos), Gary Oldman (Mank) y Julianne Moore (Magnolia).

La trama también es interesante. Con ecos de La chica del tren, el largometraje cuenta la historia de una psicóloga (Adams) que sufre de agorafobia, el miedo a salir de casa, simplemente dicho. Intentando lidiar con esa cuestión, y distanciada de su hija y marido, la mujer acaba presenciando el asesinato de su vecina (Moore). Sin embargo, nadie le cree.

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Es la adaptación del libro homónimo, publicado en México por la editorial Grijalbo y escrito por A.J. Finn. Es un best-seller internacional, primero en la lista del New York Times, y que ha aprovechado el éxito del thriller doméstico Perdida. ¿Qué causó, entonces, un resultado tan polémico? ¿Qué hizo que parte del público y la crítica no vieran cualidades en la película?

Detrás de cámaras de La mujer en la ventana

Antes de hablar sobre el contenido en sí, hay que recordar un poco sobre la producción del largometraje. Para comenzar, La mujer en la ventana comenzó a esbozarse con 20th Century Fox y que hoy, luego de la compra por parte de The Walt Disney Company, se conoce como 20th Century Studios. Entonces, la idea era estrenarla en septiembre de 2019.

No obstante, incluso con un director experimentado, un elenco de primer nivel y un best-seller, La mujer en la ventana ya arrancaba en falso. En el primer semestre de 2019, proyecciones de prueba demostraron que la forma de contar la historia de Anna, no funcionaba. El público simplemente no entendía la película.

Entonces, 20th Century Studios percibió que no había salvación para el guion escrito por Tracy Letts (Las vueltas del destino) y que tampoco había forma de resolverlo en la edición. La solución fue reescribir el tercer acto de la trama, reservar cinco días de nuevas filmaciones para, finalmente, rehacer la conclusión de la película. Pero tampoco acertaron. Nuevas sesiones de prueba resultaron en un público confundido.

El remedio de Disney fue simplemente seguir adelante. La película fue aplazada a mayo de 2020, para brindar el tiempo necesario para encontrar una solución en la posproducción, y salvar una historia que tenía todo para romper la taquilla. Justo a tiempo para que todo se desmoronara: el autor del libro, A.J. Finn, fue acusado de ser un mentiroso compulsivo, que mintió sobre todo desde su currículum hasta sus enfermedades.

En el lado de la producción, el productor Scott Rudin (Red social, La duda) fue acusado de comportamiento abusivo, e incluso se denunciaron casos de violencia tras bambalinas. Entonces, la gota que derramó el vaso: antes del estreno en mayo, llegó la pandemia de COVID–19. Disney, que había heredado la película de Fox, vendió La mujer en la ventana a Netflix.

Dificultades en la adaptación

Hoy, con la película ya disponible en la plataforma de streaming, es pertinente hablar sobre un problema que trasciende lo que sucede detrás de cámaras, e incluso explica la dificultad del público para entender la historia. Finalmente, el libro de A.J. Finn no es como otras producciones del tipo, que tienen una investigación al estilo de Agatha Christie. Aquí se trata de una mujer solitaria que mira el vecindario.

Amy Adams en 'La mujer en la ventana'
La protagonista del largometraje padece agorafobia y las escenas recrean la idea general de ‘Ventana indiscreta’ (Imagen: Netflix).

Sí, el libro tiene toques de Ventana indiscreta, pero no da para resolverse de la misma manera. Gran parte de la narrativa sucede en la cabeza de Anna, la protagonista. Hay muchas conclusiones que solo ella conoce y entiende. El lector aparece como testigo de lo que ocurre en la casa vacía, oscura e inmóvil del personaje.

Para trasladar eso a la pantalla, Joe Wright pasó tijera por demasiados elementos: la relación de Anna con Ethan (Fred Hechinger), el hijo de los vecinos, quedó peligrosamente reducida, y deja parte de la historia trunca. Otras cosas dejan de tener sentido y carecen de la misma fuerza. Incluso la relación con el inquilino pierde capas importantes, lo que merma su impacto en la trama.

Además, había mucha expectativa. El libro que dio origen a la película de Netflix forma parte del llamado movimiento de los “thrillers domésticos”, o sea, investigaciones sobre crímenes y asuntos similares que suceden en un ambiente doméstico, generalmente sin policías como protagonistas. Perdida y La chica del tren son dos casos de éxito, y el público suele esperar algo similar.

Sin embargo, teniendo esas dificultades con la trama y los desafíos en la producción, La mujer en la ventana no tiene la misma fuerza que la producción de David Fincher, ni la profundidad psicológica de la película protagonizada por Emily Blunt. Acaba quedándose a mitad del camino, sin hallar una identidad propia, perdida entre las tensiones detrás de cámaras y una adaptación pobre.

¿Es tan mala La mujer en la ventana?

Finalicemos con un breve espacio de reflexión, teniendo en cuenta todo lo anterior. La mujer en la ventana es una buena película. Tiene problemas básicos, como la artificialidad en la relación entre Anna y el hijo de los vecinos, además del giro de tuerca que no debería sorprender, dado lo poco pulido de la trama.

Pero hacia la mitad, la película gana fuerza. Joe Wright parece darse cuenta de que la trama no debe desacelerar y debe mantener ese ritmo contundente. Con un ritmo más pausado, los problemas se hacen más claros. Hay un enfrentamiento fuerte entre Adams y Gary Oldman, con buenas actuaciones de ambos, más un clima de extrañeza que se mantiene en el aire.

Pero las cosas van cuesta abajo en el tercer acto, y es justamente la parte que no gustó al público de pruebas y que fue rehecha. Hay una artificialidad exagerada en lo que se muestra en pantalla, más una edición que roza lo burdo: los cortes muestran precisamente lo que no se debe hacer en una escena de lucha. Aquí, La mujer en la ventana se sale de control.

Y así cerramos con algunas dudas. ¿Será que un cineasta más familiarizado con el thriller tampoco habría encontrado soluciones para un libro tan difícil de traducir a la pantalla? O, si La mujer en la ventana hubiera mantenido su final original, ¿tendríamos una producción más original? Nunca lo sabremos. Sólo sabemos que no todos los libros exitosos funcionan en la pantalla grande, y que no todos los subgéneros exitosos funcionan para siempre.