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‘Duna’: Las dos dunas del cine en el camino a Denis Villeneuve

El camino a la pantalla grande de ‘Duna’, la novela de Frank Herbert, ha sido una complicada odisea que abarca varias décadas e incluye a nombres como Alejandro Jodorowsky y David Lynch.

Lalo Ortega   |  
15 octubre, 2021 9:32 AM
- Actualizado 1 noviembre, 2021 10:33 AM

A pesar de la relación tan estrecha que la literatura y el cine mantienen desde que este existe, con incontables novelas adaptadas a la pantalla grande, existen trabajos que han sido clasificados (acertadamente o no) como imposibles de filmar, o “infilmables”. Duna (Dune), de Frank Herbert, ha pertenecido al selecto grupo de textos con dicha distinción por casi toda su existencia, desde su publicación en 1965.

Otras obras literarias que alguna vez cupieron dentro de ese calificativo: El señor de los anillos, de J.R.R. Tolkien; Watchmen, de Alan Moore; o La carretera, de Cormac McCarthy; por mencionar sólo los ejemplos exitosos (también está La Torre Oscura, de Stephen King, cuya adaptación muchos preferirían olvidar).

El carácter de “infilmable”, pues, parece cada vez más una cuestión relacionada con el avance de la tecnología y la apertura del público a ciertas temáticas, cosas ambas que han evolucionado al paso de los años. Sin embargo, Duna ha perdurado bajo esa condición en pleno siglo XXI, mientras que las sagas cinematográficas que ha inspirado a todas luces, como Star Wars, continúan expandiéndose sin parar.

Hay quienes lo atribuyen a la complejidad y profundidad del texto de Herbert, que establece una sociedad intergaláctica en el año 10,191. Dos familias nobles rivales, los Atreides y los Harkonnen, se disputan el control del planeta desértico Arrakis, único lugar en el universo del que puede extraerse una sustancia conocida como la especia melange, esencial para los viajes en el espacio y para la evolución de complejas habilidades humanas.

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La novela, de 400 y tantas páginas (según la edición), relata el teje y maneje de esta sociedad intergaláctica a través de los ojos de un puñado de personajes, incluso saltando entre varios de ellos en un mismo capítulo, trazando una multiplicidad de subtramas y líneas de pensamiento entre ellos.

Por si fuera poco, el texto viene acompañado de cuatro apéndices que abordan desde la ecología hasta la religión en Arrakis, además de un glosario y notas cartográficas.

Con el paso de los años, Duna ha sido descrita como ficción filosófica, comentario religioso, parábola ambientalista adelantada a su tiempo, y alegoría política, económica y militar (analistas la han vinculado a tácticas militares y geopolíticas contemporáneas).

En otras palabras, es la clase de texto que parece pedir a gritos jamás ser adaptada, por lo menos no en un solo largometraje de dos a tres horas de duración –el máximo acostumbrado para una producción de Hollywood, quizá la única industria con la solvencia económica para una épica espacial de tales proporciones–. 

Eso, sin embargo, no evitó que muchos lo intentaran… y fracasaran. Destacan los nombres de dos cineastas por encima de todos los demás: Alejandro Jodorowsky y David Lynch.

Jodorowsky y la épica que nunca fue

La primera adquisición de los derechos para adaptar Duna vino de la compañía APJ Films, del productor Arthur P. Jacobs, mejor conocido por cierto éxito taquillero de aquel entonces: El planeta de los simios. Jacobs se acercó a cineastas como David Lean (Lawrence de Arabia) para dirigirla, pero la producción se fue posponiendo en favor de las secuelas de El planeta de los simios. Eventualmente, Jacobs murió de un ataque al corazón en 1973.

Fue en 1974 que un consorcio francés, liderado por Jean-Paul Gibon, adquirió los derechos de manos de APJ. El elegido para dirigirla fue el artista chileno Alejandro Jodorowsky, quien venía de hacerse un nombre en el cine con tres largometrajes en México: la adaptación Fando y Lis (1968), el western vanguardista El topo (1970) y la fantasía surrealista de La montaña sagrada (1973).

Jodorowsky formó a su equipo creativo como quien crea un equipo deportivo de fantasía. El historietista francés Jean Giraud, más conocido como Moebius, se encargó de bocetar la película entera. El ilustrador de ciencia ficción Chris Foss diseñó varias de las naves espaciales; Dan O’Bannon, quien había trabajado en Los asesinos de estrellas (Dark Star),de John Carpenter, supervisaría los efectos especiales; el artista suizo H.R. Giger diseñó los sets del planeta Harkonnen; y la banda Pink Floyd, montando la ola de su álbum The Dark Side of the Moon, iba a componer la música.

El primer miembro confirmado del elenco fue su propio hijo, Brontis Jodorowsky, quien fue sometido a un intenso entrenamiento de artes marciales para interpretar al protagonista, Paul Atreides. David Carridine, a quien hoy recordamos por Kill Bill, tenía el rol del duque Leto Atreides. Geraldine Chaplin fue elegida como Lady Jessica, rol que anteriormente rechazó Charlotte Rampling debido a una escatológica escena en el guion, que involucraba a unos dos mil extras.

Y eso era sólo el comienzo: cual Nick Fury con sus Vengadores, Jodorowsky logró reclutar a su causa a Orson Welles en el rol del Barón Harkonnen, a Gloria Swanson como Gaius Helen Mohiam, a Udo Kier como Piter de Vries, y al líder de los Rolling Stones, Mick Jagger, como Feyd-Rautha. La cereza en el pastel era ni más ni menos que Salvador Dalí (con un salario de 100 mil dólares por hora, para una escena pequeñita), en el rol del Emperador Shaddam IV.

Considerando el material que existe de la película, el espíritu de su época y el talento involucrado, suena a que Duna de Jodorowsky hubiera sido una mezcla entre la colorida psicodelia setentera y el terror, humor y las chocantes contradicciones de su cine pánico (el destino de Leto Atreides en su versión era muy distinto, de una brutalidad que recuerda a la que sería su siguiente película, Santa Sangre).

Alejandro Jodorowsky en 'Jodorowsky's Dune'
Jodorowsky junto al guion para su versión de Duna. Frank Herbert llegó a decir que tenía “el tamaño de un directorio telefónico” (Imagen: Sony Pictures Classics)

Sin embargo, no llegaría a suceder. Con un presupuesto que se salía de control, más un metraje estimado alrededor de las 10 horas, el proyecto fue cancelado después de casi tres años en desarrollo.

Duna de Jodorowsky ha sido descrita como la más grande película de ciencia ficción que jamás se filmó. Sin embargo, como detalla el documental Jodorowsky’s Dune, su guión, storyboards y diseños –que fueron enviados a múltiples estudios hollywoodenses–, influyeron en obras esenciales para la evolución del género en el cine.

Crucialmente, Dan O’Bannon contribuyó a los efectos especiales de Star Wars (1977). También trabajó como guionista y “consultor de diseño visual” para Alien: el octavo pasajero (1979), de Ridley Scott, a quien recomendó trabajar con H.R. Giger. El suizo pasó a la historia del cine por diseñar a la criatura titular y el mundo en el que se origina.

Diseños de H.R. Giger en 'Jodorowsky's Dune'
Uno de los diseños de H.R. Giger para el palacio Harkonnen en la película de Jodorowsky. ¿Luce familiar? (Imagen: Sony Pictures Classics)

Por otro lado, Jodorowsky retomaría su colaboración con Moebius, y juntos crearon la saga de cómics El Incal. El par eventualmente demandaría a Luc Besson, director de El quinto elemento, argumentando que la película plagiaba varios elementos visuales de sus historietas. Perdieron el caso en 2004.

Jodorowsky’s Dune está disponible en Blu-ray.

Dune, de David Lynch: una película de productor

En 1976, el productor italiano Agostino “Dino” De Laurentiis (quien trabajó en películas como Las noches de Cabiria, de Federico Fellini) adquirió los derechos que aún estaban en manos de Giraud. Después de varias reescrituras del guión, el productor decidió que Ridley Scott sería el hombre para el trabajo, trayendo consigo a Giger tras el éxito de Alien. Sin embargo, tras una prolongada preproducción y el prospecto de dividir Duna en dos películas, Scott procedió a trabajar en Blade Runner (1982).

Con los derechos a punto de expirar, De Laurentiis renegoció con Herbert, añadiendo también los de todas sus eventuales secuelas. Para entonces, un tal David Lynch venía de ser nominado al Oscar como Mejor director por su segunda película, El hombre elefante (1980). Era un drama mucho más convencional que su primer largometraje, la inefable pesadilla industrial de Cabeza borradora (1977).

Por recomendación de su hija Rafaella, también productora, De Laurentiis decidió que el hombre para el trabajo era Lynch quien, curiosamente, ni siquiera tenía conocimiento de la novela. Famosamente, el cineasta ya había rechazado otra gran producción de ciencia ficción: se negó ante el propio George Lucas a dirigir El regreso del Jedi.

Y así comenzó un rodaje que los llevó a los Estudios Churubusco en la Ciudad de México, con un desconocido llamado Kyle MacLachlan en el rol principal, Paul Atreides. El elenco también incluía a nombres como el de Patrick Stewart (antes de sus días como Picard), Max von Sydow (El séptimo sello), Dean Stockwell (París, Texas) y una jovencísima Virginia Madsen en apenas su tercera película. Esta versión no tenía a Mick Jagger, pero sí a Sting.

Sin embargo, Dune (también conocida como Dunas en México) nació prácticamente muerta debido a un choque de visiones. Lynch, quien a la larga se caracterizó como un autor cinematográfico, pretendía plasmar su singular sensibilidad artística e interpretación de la historia.

Y algo de ella persistió: algunos de los sets recuerdan a los parajes de decadencia industrial de sus dos largometrajes previos y, en retrospectiva, su Vladimir Harkonnen (interpretado por Kenneth McMillan), siniestro pero exageradísimo hasta el ridículo, encaja en el canon de antagonistas que vendrían después en la filmografía del director.

Pero como lo planteó Francesca Annis (quien interpretaba a Lady Jessica) en una entrevista para Deadline en 2021:

“Si David Lynch hubiera podido hacer su propia película, hubiera sido brillante, pero desafortunadamente, Dino [De Laurentiis] supervisó cada pequeño detalle. Dino ya estaba pensando en las ventas de video. David quería hacer las escenas muy oscuras, que estos bajos fondos lucieran oscuros y siniestros. Pero Dino no lo permitió. Tenían que estar muy iluminados para que se transfirieran bien a video”.

'Dune', de David Lynch
Este set de Dune sí parece como algo salido de Cabeza borradora (Imagen: Universal Pictures).

El tiempo de metraje también era un problema. El primer corte de la película, según Rafaella De Laurentiis, duraba cerca de cuatro horas, mucho más de lo permisible para un blockbuster pensado para montar la ola de Star Wars. El corte que se distribuyó comercialmente quedó reducido a menos de dos horas con 20 minutos.

El resultado fue una destilación tan extrema del libro de Herbert, que Virginia Madsen narra todo el contexto con voz en off durante los primeros segundos de la película, como si de un curso intensivo se tratase. En la primera escena se explica por completo –y de forma burda– el complot en contra de la familia Atreides.

“Toda película hollywoodense que tiene que explicarse a sí misma en detalle al inicio, está en problemas”, recordó Annis sobre la premiere de la película, la única vez que la vio.

“Cuando hice Dune, no tuve el corte final”, escribió Lynch en su libro de 2006 Atrapa el pez dorado: Meditación, conciencia y creatividad. “Fue una enorme, enorme tristeza, porque sentí que me había vendido y, encima de todo, la película fue un fracaso en taquilla” (según Box Office Mojo, la producción recaudó menos de 31 millones de dólares a nivel mundial, contra un presupuesto de 40 millones).

“Si haces algo en lo que crees, y fracasas, eso es una cosa: todavía puedes vivir contigo mismo”, añadió Lynch. “Pero si no, es como morir dos veces. Es muy, muy doloroso”.

Kyle MacLachlan y Francesca Annis en 'Dune', de David Lynch
Francesca Annis y Kyle MacLachlan como Lady Jessica y Paul Atreides en Dune (Imagen: Universal Pictures)

No todo fue una pérdida para el cineasta estadounidense. Esta película lo puso en el camino de Kyle MacLachlan, con quien colaboraría en dos de sus producciones más exitosas: Terciopelo azul (1986) y la serie Twin Peaks (1990-1991, 2017). La primera es considerada una de las mejores películas de misterio de la historia, y le dio a Lynch su segunda nominación al Oscar como mejor director.

Dune hoy es considerada una película de culto, y está disponible para verse en diversas plataformas de streaming. Checa dónde verla en este enlace.

Duna, de Denis Villeneuve: ¿la tercera es la vencida?

Durante el siglo XX, esos fueron todos los intentos por llevar Duna al cine. La siguiente adaptación llegó en el año 2000, y no a la pantalla grande, sino a la chica. Se trataba de Frank Herbert’s Dune, miniserie de tres episodios y cuatro horas y media de duración, emitida por el entonces llamado Sci-Fi Channel (hoy SyFy).

Aunque claramente limitada por las posibilidades de los efectos especiales computarizados en la televisión de la época, la serie fue nominada a tres premios Emmy y ganó dos: Mejor fotografía y Mejores efectos visuales en la categoría de miniseries.

El éxito de dicha miniserie dio lugar a una secuela, Frank Herbert’s Children of Dune, abarcando las dos primeras secuelas de la original Duna. El elenco incluía a James McAvoy y a Susan Sarandon, entre otros.

Por otro lado, en 2007, el productor Kevin Misher obtuvo los derechos del libro para Paramount Pictures, y al año siguiente, el estudio anunció que realizaría la adaptación, con Peter Berg (Colateral: lugar y tiempo equivocado) como director. Berg abandonó el proyecto al año siguiente, y fue sustituido por Pierre Morel (Búsqueda implacable) en 2010. Sin embargo, luego de que él también dejó el proyecto, Paramount abandonó sus planes en 2011.

Y así llegamos a 2016, cuando Legendary Entertainment adquirió los derechos de Duna para una nueva adaptación. Al año siguiente, confirmó al cineasta quebequense Denis Villeneuve para encabezar el proyecto, luego de su aclamada película de ciencia ficción, La llegada (2016), y próximo a estrenar la esperada secuela para un clásico de culto: Blade Runner 2049 (2017).

Curiosamente, la versión 2021 de Duna trae consigo algunos cierres de ciclo. Charlotte Rampling, quien rechazó el rol de Lady Jessica en la versión de Jodorowsky, regresa aquí para interpretar a la Madre Superiora Bene Gesserit, Gaius Helen Mohiam.

Además, la película de Villeneuve sólo adapta una mitad de la novela de Herbert, haciendo eco del plan de Ridley Scott para hacer dos películas. Habrá que ver si Warner Bros. da luz verde a la segunda parte (aunque a juzgar por su recaudación internacional al momento de esta publicación, a una semana del estreno estadounidense, parece una posibilidad real).

¿Y qué dicen Lynch y Jodorowsky? El primero declaró que se niega a ver la nueva versión. “Tengo cero interés en Duna”, dijo a The Hollywood Reporter en 2020. Pero no se debe a ningún resentimiento personal en contra de Villeneuve, sino porque “[la película] fue una pena para mí”.

Es similar al sentimiento que el cineasta chileno confesó en Jodorowsky’s Dune, pues recordó sentir alivio al ver lo inadecuada que resultó ser la versión de Lynch.

En 2020, Jodorowsky dijo a IndieWire que sí piensa ver la película de Villeneuve, pero duda que exista un cineasta en el mundo que pueda hacer un trabajo a la altura.

Duna es un libro que es como Proust. Es ciencia ficción, pero es muy, muy literario”, dijo Jodorowsky. “Es muy difícil encontrar las imágenes para la película, porque las imágenes son ópticas”.

Volvemos así al asunto del inicio. En 2021 con tantos textos considerados como “infilmables” ya convertidos en películas –con mayor o menor éxito–, ya no está a discusión que, cuando menos, la tecnología sí está a la altura. ¿Pero es posible, desde el guión, adaptar una novela tan compleja, de manera accesible para el gran público y de forma que resulte rentable?

Quizá sí sea imposible. Y por ello, quizá no sea necesario hacerlo. Una adaptación no necesita ser fiel al pie de la letra, sino hallar su propio espíritu con su propio lenguaje. Y no tendrá que ser, por fuerza, algo mejor o peor que el material original. Quizá “diferente” sea suficiente.

Duna, de Denis Villeneuve, llega a salas de cine mexicanas el próximo 21 de octubre.