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Cine de culto: ¿qué es y qué películas se consideran así?

¿Qué es el cine de culto? Es una pregunta con varias respuestas y mucha confusión a lo largo de la historia del cine. Aquí lo aclaramos.

Lalo Ortega   |  
5 mayo, 2021 10:00 AM
- Actualizado 6 mayo, 2021 10:19 AM

En la cotidianidad cinéfila, es frecuente encontrarnos con ciertos descriptivos comunes para calificar a las películas. Uno de ellos es “clásico de culto”, una denominación que se vuelve extremadamente ambigua considerando que se ha aplicado a películas muy distintas entre sí, como Cabeza borradora de David Lynch, El gran Lebowski de los hermanos Coen, y Plan 9 del espacio exterior de Ed Wood. Así que cabe la pregunta: ¿qué es el cine de culto?

Como suele pasar con todas las cuestiones relacionadas al arte (y al cine, por extensión), definir al cine de culto es un camino repleto de arbitrariedades. El asunto se puede complicar todavía más si pensamos que el término llega a usarse (erróneamente) de forma intercambiable como “cine de autor”, “cine de arte”, “cine experimental”, entre otros (aunque cabe aclarar que no necesariamente son excluyentes entre sí).

Así que, para entender este tema, comencemos por desmenuzar el término desde el principio:

¿Qué es culto?

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Un primer acercamiento lingüístico al término “culto” viene del siempre confiable diccionario. En su libro The Rough Guide to Cult Movies, el autor Paul Simpson cita al Diccionario Oxford, que brinda definiciones como “un sistema de adoración religiosa”, “un homenaje hacia una persona o cosa” y “una moda popular (…) seguida por una sección específica de la sociedad”.

Aplicada tal cual, podríamos argumentar que grandes franquicias del cine hollywoodense, como Star Wars o Crepúsculo, son “películas de culto”, pues sí que tienen un seguimiento casi religioso (y si no nos creen, vayan a la San Diego Comic-Con un día).

Para reforzar el punto, Simpson también cita al filósofo, semiótico y novelista italiano, Umberto Eco. Este afirmaba que una película como Casablanca podía considerarse de culto. Se trata de una producción similar a Star Wars en ciertos aspectos: ambas son películas con el sello de algún gran estudio de Hollywood, y que gozan de gran éxito entre el público.

El argumento de Eco: “la obra debe proveer un mundo completamente amueblado, para que sus fans puedan citar a sus personajes y episodios como si fueran aspectos del mundo sectario del fan (…), del que se pueden hacer cuestionarios y trivias para que los adeptos de la secta reconozcan entre unos y otros sus conocimientos compartidos”.

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Nada que ver aquí, sólo una Star Wars Celebration como cualquier otra. Crédito: Flickr (Creative Commons).

Esto nos habla de una serie de códigos o rituales que existen alrededor de estas películas. Sin embargo, aunque sin duda las películas de Star Wars o Casablanca son clásicos del cine estadounidense con un éxito masivo, nadie las considera realmente “clásicos de culto”.

En otras palabras, esas definiciones siguen siendo demasiado amplias. Otra revisión al diccionario –el de la Real Academia Española–, nos dice que “culto” se refiere a las cualidades derivadas de la cultura o la instrucción. Es decir, para los iniciados en un tema, un conocimiento que no poseen las masas, sino unos cuantos.

Es decir que, a pesar del seguimiento casi religioso que poseen franquicias como Star Wars, no podríamos considerarlas cine de culto, precisamente porque son franquicias masivas. Esto sugiere que, por el contrario, la condición de película de culto quedaría reservada para producciones que no son tan ampliamente conocidas, pero que sí tienen un seguimiento apasionado.

Lo que nos lleva a nuevas preguntas: ¿Cómo adquiere una película su estatus “de culto”? ¿Se puede hacer una película de culto intencionalmente?

¿Cómo nace una película de culto?

Vamos con otro libro: Cult Movies: Películas para llevarse al infierno, de Vicente Muñoz Álvarez. En el libro, el autor presenta un “top 100 de películas de culto”, seleccionadas bajo el criterio que citamos a continuación:

“Tanto en literatura como en el cine (y en todos los demás ámbitos creativos), me interesan las obras que cuestionan el mundo en que vivimos, que remueven las vísceras y las conciencias, que aceleran la sangre y el corazón, mostrando sin filtros éticos ni políticos la realidad (sin duda violenta y cruel) que el hombre ha creado”.

En su libro, Muñoz Álvarez también habla del cine de culto en términos de “lo epatante, lo crítico, lo atípico, lo raro, lo provocador, lo grotesco, lo perverso (…)”. Esos calificativos también podrían aplicarse para lo que solemos llamar cine de arte, pues este, al alejarse de convencionalismos, nos invita a reflexionar sobre lo que vemos y sobre el mundo que nos rodea.

Lee también: Cine de arte: ¿qué es y qué representa?

Esta perspectiva brinda un nuevo ángulo a considerar para analizar la cuestión: la perspectiva del público.

A partir de aquí, un libro más: Filmisms… Understanding Cinema, del crítico Ronald Bergan, quien describe al cine de culto así:

“Una película de culto es cualquier película que por razones no relacionadas a su calidad artística intrínseca, ha atraído devoción obsesiva de un grupo de fans. Las películas de culto son usualmente excéntricas, exageradas y estrafalarias, con personajes unidimensionales y tramas extravagantes”.

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Pocas cosas dicen “excéntrico” tanto como Tim Curry en ‘El show de terror de Rocky’. Crédito: 20th Century Studios.

En esta definición, las películas de culto no se limitan a un sólo género, aunque sí hay que aclarar que la ciencia ficción y el horror son “clientes frecuentes”. Añade Bergan que: “algunas fracasaron en taquilla en sus estrenos iniciales, pero alcanzaron su estatus de culto más adelante, vistas bajo otra óptica”.

Recapitulemos hasta aquí:

  • El cine de culto tiene un grupo de apasionados seguidores
  • Este grupo es lo suficientemente pequeño para no ser parte del mainstream

Estas películas no encontraron un público al estrenarse en cines (incluso pueden ser producciones millonarias con grandes pérdidas en taquillas). Por lo tanto, fueron redescubiertas en otros sitios: videoclubes, noches de zapping en la TV, o en lo más profundo del catálogo de alguna plataforma de streaming.

Pero aún queda una pregunta: ¿cómo es que llegan al conocimiento de estos selectos grupos en primer lugar?

En la definición de Bergan, el punto que más destaca es el de la estética, el más subjetivo de todos. “Todo depende del cristal con que se mira”, dice la vieja máxima.

Incluso esa “calidad intrínseca” que dice Bergan depende mucho de las circunstancias en que se produce cada película. No es lo mismo que esa extravagancia sea intencional o producto de un trabajo independiente, con actores no profesionales; que un accidente resultante de una superproducción hollywoodense de millones de dólares.

Sin embargo, ambas posibilidades suponen otra pregunta: la de por qué alguien vería algo que se salga de lo convencional (haya sido intencional o no).

Así que vayamos a otro libro: Cinéphiles et cinéphiles (Cinéfilos y cinefilias), del sociólogo francés Jean-Marc Leveratto y el teórico francés de cine Laurent Jullier. Aquí, los autores proponen que una película no se vuelve de culto únicamente porque existe un público en busca de estéticas consideradas “no convencionales”.

Leveratto y Jullier proponen el término “cinefilia de la reparación”, que se refiere al acto de dar un nuevo lugar a las películas que fueron alejadas de la exhibición mainstream por ser consideradas “mediocres” o “indignas” por las creencias institucionales. Esta cinefilia de la reparación, explican, “nos enfrenta a la reivindicación de un gusto subversivo, la afirmación de una postura estética heterodoxa respecto a la cinefilia en general”.

En palabras más simples, el cine de culto se vuelve tal gracias a los cinéfilos que buscan darles visibilidad, luego de haber caído en el olvido porque, según perspectivas institucionales, son consideradas mediocres.

Esto infiere cierta actitud de subversión y, por extensión, puede asociarse a lo camp, un estilo o sensibilidad que, en su famoso ensayo Notas sobre lo camp, Susan Sontag definió como “el amor a lo no natural: al artificio y la exageración”, muchas veces con intenciones irónicas o lúdicas.

“La definición última de Camp: es bueno porque es horrible”, escribió Sontag.

Entonces, ¿qué es el cine de culto?

Hasta aquí, ya tenemos algunas características elementales para definir al cine de culto:

  • Un estilo estético alejado de lo convencional. Esto puede ser accidental, pero muchas veces tiene una intención claramente subversiva.
  • Un selecto pero apasionado grupo de seguidores, con un conocimiento amplio y profundo sobre el mundo de cada una de estas películas.
  • Un redescubrimiento posterior a su estreno original, bajo nuevas ópticas.

Lo cual nos reafirma que la cualidad “de culto” no está restringida a ningún género en absoluto, y que estas películas sí pueden ser extremadamente distintas entre sí.

Por ejemplo, la citada Plan 9 From Outer Space, de Ed Wood, es una producción de muy bajo presupuesto con pretensiones de horror y ciencia ficción. Es a menudo considerada la peor película de la historia, y uno de los mayores ejemplos del proverbial calificativo “tan mala que es buena”. Es decir, obtuvo su estatus de culto por vía de la infamia.

Por el contrario, una superproducción hollywoodense como Blade Runner también entra en la clasificación: es una película de ciencia ficción con un estilo visual elaborado y una mitología más o menos compleja (dentro y fuera de la ficción), que fracasó en taquilla. Fue redescubierta años más tarde, y su nueva popularidad incluso sentó las bases para una secuela: Blade Runner 2049.

Incluso habría que citar a cineastas como John Waters, que con Pink Flamingos abrazó abiertamente las cualidades subversivas de lo camp. De un modo similar, una película como El show de terror de Rocky, cuyo discurso de liberación sexual y personajes andróginos la han hecho de culto entre la comunidad LGBT. A la fecha, es una piedra angular de las funciones de medianoche, con disfraces incluidos.

Y claro, también hay que reforzar que la clasificación de “cine de culto” no es lo mismo que otras como “cine de autor” o “cine de arte”, aunque tampoco las excluye. La ya mencionada Cabeza borradora de David Lynch se considera una película de culto. Fue la primera película de su director, en su momento exhibida en el circuito de medianoche. Sin embargo, a la luz de su filmografía posterior, puede considerarse de autor.

Por último: ¿puede hacerse una película con la intención explícita de que se vuelva de culto? Tendríamos que decir que no: es una medalla que sólo se obtiene con el tiempo, y sólo si los cinéfilos del futuro la consideran merecedora de ese honor.

Si quieres saber más sobre el cine de culto, checa esta lista: Películas de culto para ver en casa