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‘Candyman’: cómo la violencia policial dio un nuevo significado a la leyenda

Candyman regresa al cine con una nueva película, dirigida por la cineasta Nia DaCosta, quien va más allá de lo visto en el clásico de terror de 1992.

Matheus Mans   |  
27 agosto, 2021 12:03 PM
- Actualizado 3 septiembre, 2021 12:55 PM

En 1992, montando la ola del cine slasher, se estrenó la original Candyman, con una propuesta sin idea. Se trataba de una aparición (Tony Todd) que surgía si la víctima decía su nombre cinco veces frente al espejo, tal como la famosa “Bloody Mary”. Después mataba a todo el que tuviera en frente con el gancho que tenía en vez de la mano derecha.

Este 26 de agosto, la leyenda vuelve con Candyman, que ya no viene persiguiendo otra tendencia cinematográfica. Por el contrario, sigue de cerca el éxito de El hombre invisible, poniendo el comentario social sobre personajes que, antes, sólo servían para asustar, brindando más profundidad a la historia y logrando sorprender.

Candyman (2021)
Yahya Abdul-Mateen II es el protagonista de la nueva Candyman (Imagen: Universal Pictures)

Pero, para hablar más sobre esa transformación, hay que volver al inicio en 1992.

El inicio de Candyman

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Dirigida por Bernard Rose, un cineasta más o menos conocido por entonces gracias a la película Sueños alterados (Paperhouse), la primera película de Candyman llegó a las salas de cine como una apuesta de TriStar Pictures. Adaptada de un cuento de Clive Barker, The Forbidden, buscaba aprovechar el éxito ya pasado de Viernes 13 o de Pesadilla en la calle del infierno.

La trama sigue a una investigadora (Virginia Madsen en el auge de su carrera) de leyendas y folklore urbano, quien descubre la “maldición de Candyman”. Para comprenderla mejor, ella comienza a visitar un conjunto habitacional en la periferia de los Estados Unidos, donde esta aparición surge con su gancho.

No hay mayor desarrollo de la historia. A lo largo de 100 minutos, seguimos al personaje de Madsen yendo de allá para acá intentando solucionar misterios y ahogándose en problemas, hasta que Candyman acaba imponiéndose sobre ella. Intentan darle una historia al villano, pero apenas si se comenta algo.

Candyman (1992)
Tony Todd da vida a la aparición en la película original de 1992 (Imagen: MGM)

Detrás de cámaras, cabe mencionar que la experiencia colectiva no fue muy positiva. Bernard Rose quería usar, como fuera, abejas reales en las escenas con Candyman. Todd fue picado unas 30 veces (obteniendo una “indemnización” de mil dólares por piquete), y Madsen vivía aterrorizada: era alérgica a las abejas, hecho que el director simplemente no quiso tomar en consideración.

Además de todo, era una película hecha mayoritariamente por personas blancas. A pesar de que Candyman tiene un trasfondo de antepasados esclavizados en los Estados Unidos, vemos esa historia a través de los ojos de una investigadora blanca, y es por ella que conocemos a la aparición, sus actos y deseos. Y todo con un hombre blanco en la silla de director.

Después del misterio, la leyenda

Ahora, todo eso cambió. Jordan Peele, conocido por ¡Huye! y Nosotros, tomó el proyecto y, junto al productor Win Rosenfeld (El infiltrado del KKKlan), dio un primer rostro al nuevo Candyman. Peele trasladó la trama al interior de la cultura afroamericana y dejó a un lado el innecesario whitewashing

Después llegó una mujer negra como directora y guionista en los nuevos tratamientos de la historia: Nia DaCosta, directora de la aclamada Cruzando la línea (y también de la inminente secuela de Capitana Marvel). El trío DaCosta, Peele y Rosenfeld dio protagonismo a la historia del villano, para dejar de ser una mera aparición.

En la nueva trama seguimos a un artista plástico (Yahya Abdul-Mateen II), quien atraviesa una crisis creativa. No sabe más para dónde hacerse o qué hacer con su arte, hasta que intenta tomar como inspiración la gentrificación del barrio. Ahí es donde la original de 1992 se entrelaza con la de 2021: la periferia de 30 años atrás se convirtió en el barrio de las personas más ricas.

Siguiendo ese hilo de gentrificación, del encarecimiento de una región y la expulsión de los pobres, la película habla de violencia policiaca, racismo y, sobre todo, del sentimiento que el movimiento Black Lives Matter ha venido construyendo en los últimos años. Es como si la leyenda de Candyman fuese una profusión de esas pautas, con un toque de los conceptos de Malcolm X.

Los acontecimientos observados en los últimos años por todo el mundo, y específicamente en Estados Unidos, dieron a Candyman la posibilidad de traer nuevas perspectivas, lecturas y posibilidades. Dejó de ser sólo un asesino con un gancho por mano para ser algo con consistencia. Aún da miedo, claro, pero no como antes: hoy, el miedo está en las calles. Es de carne y hueso.

DaCosta sabe traducir eso en escenas que no evitan poner el dedo en la llaga. Candyman de 2021 es un reboot ideal, que homenajea a la anterior (sin olvidar nunca su historia), pero dotándola de significados para quienes apenas conocen la franquicia hoy. La escena final es un grito, una liberación con la que la fantasía puede esparcirse.

Publicado originalmente en la versión brasileña de Filmelier News.